Dos sargentos del Regimiento de Transmisiones nº 2 salvan la vida a un joven

Lo que comenzaba como una jornada cotidiana de trabajo se convirtió, para los sargentos Raúl García y Christian J. Romero, en un día que difícilmente olvidarán. El 3 de febrero, como habitualmente, decidieron dedicar a la carrera su sesión de instrucción físico-militar y, sin esperarlo, acabaron salvando la vida a un joven que se había encerrado en el interior de su vehículo en marcha y que estaba respirando el humo del tubo de escape.

Dos sargentos del Regimiento de Transmisiones nº 2 salvan la vida a un joven
Dos sargentos del Regimiento de Transmisiones nº 2 salvan la vida a un joven

Los dos suboficiales, compañeros de promoción y binomio de carrera, se encontraban recorriendo una zona de campo cercana al acuartelamiento “Teniente Muñoz Castellanos”, donde se ubica el Regimiento de Transmisiones nº 2 en el que están destinados desde el pasado verano.

Cuando se dirigían hacia una antena de comunicaciones que habían marcado como punto de retorno de su itinerario, se toparon con un vehículo estacionado en el borde del camino y que se encontraba en marcha. “Al principio pensé que podía ser un vigilante que tenía mucho frío -ese día nevó en Madrid- y se había metido en el coche para calentarse”, recuerda el sargento Romero. Pero esa idea se le fue de la cabeza al comprobar que el coche tenía tapadas las ventanillas delanteras y traseras con trapos y bolsas, y observar que del tubo de escape salían unas gomas hacia el interior del maletero.

“Podían ser mil cosas, y por eso decidimos acercarnos pero con mucha precaución, garantizando nuestra seguridad en todo momento”, explica el sargento García. Al hacerlo, descubrieron en la parte de atrás a un joven que parecía estar inconsciente y que había echado el pestillo a todas las puertas. “Empezamos a golpear el coche, pero el joven no reaccionaba”, señala. Entonces se percataron de que el maletero no estaba cerrado y lo abrieron para que entrase aire. Gracias a eso, el chico comenzó a recuperar el sentido. Los dos militares siguieron golpeando el vehículo y diciéndole a la persona que estaba dentro que abriese alguna puerta. Al final, le convencieron y lo hizo.

“Abrimos todas las puertas para que entrase oxígeno y el chico fue despertándose”, señala Christian. Sabían que era necesaria la ayuda de los servicios de emergencia pero ninguno de los dos llevaba el móvil encima, y por eso, a la carrera, llegaron hasta un centro hípico que se encontraba a un kilómetro a pedir auxilio.

Una vez que avisaron, regresaron junto al vehículo para evitar que el joven volviese a intentar la misma maniobra al verse solo de nuevo. Poco después llegaban los servicios de asistencia sanitaria y la Policía, acompañada del padre del joven que había sido avisado por los propios sargentos, que le llamaron al encontrar un móvil en el coche.

“El padre nos dio un abrazo llorando, y se mostró muy agradecido”, destaca el sargento Romero. “Eso fue muy gratificante”, corrobora su compañero, quien añade que él también es padre y que, como tal, puede llegar a comprender cómo se sentía aquel señor en esos momentos sabiendo que le habían salvado la vida a su hijo.

Su actuación, que fue clave para evitar una desgracia, les ha valido la felicitación de todos sus compañeros y de los jefes de su Regimiento, pero para ellos lo importante de toda esta historia no son las recompensas que puedan recibir sino la satisfacción de saber que han salvado una vida.

Óscar Mijallo. Periodista.

«Las tropas españolas están bastante bien vistas en el exterior»

BEATRIZ GONZALO / Madrid

Óscar Mijallo (Madrid, 1972) es corresponsal de guerra. El periodista de TVE ha cubierto varios de los últimos conflictos que se han derivado de la llamada Primavera Árabe, el más reciente, la guerra de Siria; previamente estuvo en Palestina.

ÓSCAR MIJALLO¿Siempre tuvo claro que quería ser corresponsal de guerra?

Siempre quise dedicarme al periodismo internacional, por eso enfoqué mi formación académica hacia ese campo, especializándome a través de cursos, estudiando idiomas… y luego hice un máster en Relaciones Internacionales.

También procuré que lo que me ofreciesen estuviese relacionado con la información internacional. Y ese camino es el que le llevó hasta Palestina… Sí, allí llegué en el año 2002, al final de la 2ª Intifada. Fue todo un sueño hacerme cargo de esa corresponsalía, y además sustituyendo a Ángela Rodicio. Yo en esos momentos era un novato, y era como una esponja. Tuve la suerte de llegar a una corresponsalía perfectamente diseñada, que respondía sola y que era una máquina perfectamente engrasada, solo tenía que dejarme llevar. Los que trabajaban allí eran profesionales que llevaban años cubriendo la Intifada, lo sabían todo, y además el cámara era José Luis Márquez, el de la obra Territorio Comanche de Arturo Pérez-Reverte.

De los conflictos que le ha tocado cubrir, ¿cuál es el que le ha dejado mayor huella?

La Intifada fue muy importante para mí, porque como corresponsal me formé allí. Además, al ser un conflicto tan largo, resulta bastante más fácil trabajar que en otros, porque también las dos partes están por la labor de contarte su versión, y la prensa se ha convertido en un elemento más del conflicto.

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Periodísticamente fue muy interesante la guerra de Libia, porque allí no podías tener acceso ni a Internet ni, casi, al teléfono. Había que ir al frente para conseguir imágenes o sacar algún reportaje. Era como ser un corresponsal del siglo XIX.

¿Y el más reciente, la guerra de Siria?

En Siria es muy difícil trabajar. De hecho, a mi cámara y a mí hubo una vez que un grupo nos retuvo cerca de cuatro horas porque no querían dejarnos pasar. Por suerte, la gente con la que íbamos pudo convencerles de que nos soltasen… No era la primera vez que salía de una situación comprometida, creo que en Israel también tuvo un golpe de suerte… Mi compañero y yo habíamos ido a cubrir una información; cuando decidimos que teníamos imágenes suficientes nos fuimos con el corresponsal de la CNN a cubrir un funeral, mientras que otros periodistas optaron por ir a una manifestación;

Allí hubo un atentado en el que murió un periodista francés… Entonces, ¿un corresponsal convive con el riesgo?

Lo que tienes que valorar es si el riesgo es asumible o no. Por ejemplo, en la guerra de Libia conocimos a un tipo que era capaz de saltarse los controles para entrar en una ciudad…

De los conflictos en los que ha trabajado, ¿cuál ha sido su primer contacto con las tropas españolas en un conflicto?

Fue en la guerra de Irak, al final, cuando estaban en la base “España” de Diwanija, ocupando los barracones que habían sido del Ejército iraquí. Con ellos viví el primer relevo, y algunos episodios duros como la muerte de los agentes del CNI.

¿Y cómo fue la experiencia?

Pues he cubierto varias guerras y debo decir que antes era muy difícil tener información de los militares, el Ejército era muy opaco, pero está cambiando a mejor. Yo creo que en eso otros Ejércitos, como el estadounidense, el de Israel o, incluso, Francia (como se ha visto en la guerra de Mali), están más avanzados, porque ven en los periodistas una oportunidad de contar su historia y dar su punto de vista. Yo creo que esa política es beneficiosa para el Ejército y la democracia.

El hecho de ser español cuando se va a otros países, ¿ayuda?

El carácter de las tropas españolas no es tan autoritario como el de otros países, y están bastante bien vistas.

¿Conocer la guerra de cerca te cambia la perspectiva? ¿No es difícil no tomar partido?

Ver los desastres de la guerra, cómo vive la gente,… claro que te afecta. Pero hay que ponerse el chubasquero, no involucrarse demasiado y tratar de mantener la distancia, porque somos periodistas y no activistas. No estamos para tomar partido ni para arreglar el mundo. Nuestra labor es que la información llegue a la opinión pública, esa es nuestra aportación, nuestra “labor humanitaria”.

Blog del Ejército de Tierra