‘SOLDADO UNIVERSAL’

Rubén López Cazorla es el nuevo Míster Universo y un militar orgulloso de estar destinado en la BRIAC XII
Rubén López Cazorla es el nuevo Míster Universo
Rubén López Cazorla es el nuevo Míster Universo

Al soldado Cazorla, destinado en la Brigada Acorazada Guadarrama XII en la Base de El Goloso, con su 1,93 de altura se le ve venir desde lejos. Lo que más sorprende de él es su naturalidad y lo bien que se defiende ante los medios, a pesar de su juventud.

Lejos —por el camino recorrido,  que no por el tiempo— queda aquel primer concurso de Míster Jaén, con 17 años, en el que estaba tan nervioso que no puede olvidar lo mal que lo pasó… Ahora, con solo 22 años, ha llegado a la cima en los concursos de belleza: Míster Universo,  título que logró en Lima (Perú) a finales de septiembre…

Cuando se le pregunta por su futuro, después de haber conquistado este título, este hombre tranquilo piensa que todavía le quedan muchas cosas por hacer:

«Aún soy muy joven, por lo que voy a seguir formándome; además, a
medida que avanzo en mis estudios  —Grado Superior de Técnico en
Actividades Físico-Deportivas— me  gusta más el tema del deporte, de llevar  una vida sana, la nutrición…»,  explica; su intención, al terminar estos estudios, es ingresar en la Academia  General Básica de Suboficiales y  hacer carrera en el Ejército.

«Intento compatibilizar al máximo las dos cosas —añade—, aunque cuando hay unas maniobras o cualquier otra actividad que no me permita realizar mi trabajo en la agencia de modelos, cambio este último de día».

El sacrificio más importante fue separarse de su familia —es de Navas de San Juan (Jaén)—; «soy hijo único y sé que mis padres lo pasan mal teniéndome lejos; sabemos que ha sido para bien, pero es duro».

Cuando le preguntan por su “truco” para haber llegado hasta aquí, explica: «Me he limitado a poner en práctica lo que he aprendido durante todos estos años (he luchado, he trabajado y he sido constante); además, siempre he sentido el apoyo de mi familia, sin quienes hubiera sido más difícil, pues a veces vienen momentos de bajón».

En la Compañía de Transmisiones del Batallón de Cuartel General de la Brigada de Infantería Acorazada “Guadarrama” XII, que es su destino, “por supuesto”, cuenta con sencillez, “soy uno más”; aunque para los medios de comunicación se haya convertido en un soldado universal.

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Un condecorado de Ifni-Sáhara se entera de su medalla 56 años después

Los hechos sucedieron en 1958, durante la guerra de Ifni-Sáhara. Julián Duarte Flores, entonces soldado conductor, integró el contingente de tropas españolas desplazadas al norte de África para defender las posesiones de Ifni, el Protectorado Sur y el Sáhara Español. Hasta ahí una historia común a la de otros 10.000 soldados españoles. Pero lo que marca la distinción es que Julián, al término del conflicto, fue condecorado con la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo. La recompensa le fue concedida al término de la guerra por el entonces Gobernador General del Sáhara, y ahí permaneció, como una simple anotación en su historial militar, sin que nunca se materializara su entrega.

Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después
Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después

En realidad, Julián jamás tuvo conocimiento de esta medalla hasta hace unos meses. La curiosidad de su yerno, el teniente Félix Romero, descubrió el olvido. Tras escuchar mil y una historias de aquella guerra, Félix indagó en el Archivo General Militar de Guadalajara, y en el historial de Julián figuraba la concesión de la Cruz.

Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después
Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después

La recompensa ha permanecido en el limbo durante más de medio siglo y próximamente le será impuesta a su protagonista. Se cerrará así el círculo de esta singular historia protagonizada en dos tiempos por Julián Duarte.

Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después
Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después

Ha pasado el tiempo pero Julián conserva una memoria portentosa. Recuerda que salieron para África «del cuartel de Canillejas, con un camión y una dotación de 90 balas, un mosquetón checo y ropa de invierno». Tras una odisea de varios días en el buque Dominé, llegó a Cabo Juby. Allí, en su capital, Villa Bens, cumplió sus obligaciones como conductor hasta que le evacuaron a El Aaiún. «De patrulla nos daban una lata de sardinas y una de carne, y un litro de agua. Cuando faltaba la comida, los legionarios mataban camellos salvajes para comer», recuerda Julián.  Los soldados lavaban su ropa con gasolina por la escasez de agua y cocinaban lo que había sobre la carrocería de los camiones. Las temperaturas oscilaban entre los 45 y los 50 grados centígrados.

Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después
Un condecorado de Sidi Ifni se entera de su medalla 56 años después

Son vicisitudes que se agolpan en su memoria con la misma nitidez que los momentos más dramáticos vividos en África. Incluido su episodio de heroísmo. «Estábamos en retaguardia. Con los camiones vimos a paracaidistas españoles que se tiraban de aviones. A algunos les disparaban desde tierra y resultaban muertos o heridos. Nadie quería ir a por ellos. Así que fuimos voluntarios en cinco camiones para recoger a los heridos».

Las imágenes de aquello siguen frescas en su mente. También el regreso a casa. En dos barcos hasta Cádiz, donde abrieron las bocas de riego de par en par para que los soldados pudieran lavarse un poco; desde ahí, en un tren a Madrid, donde hoy vive para contarnos su historia.

Blog del Ejército de Tierra