Juan Eslava Galán. Escritor

«Me interesa cómo vive la Historia el que la padece, no el que la hace»

Juan Eslava Galán nació en Arjona (Jaén) en 1948. Estudió Filología Inglesa y se doctoró con una tesis sobre Historia Medieval. Tras viajar al Reino Unido, donde amplió sus estudios, regresó a España y comenzó a publicar novelas y ensayos. En 1987 consiguió el Premio Planeta. Es un escritor prolífico —ha publicado 79 libros— y con un gran sentido del humor. Su última obra, La Primera Guerra Mundial contada para escépticos, tendrá una continuación en enero con un libro sobre la Segunda Guerra Mundial.

Juan Eslava, en la biblioteca del Cuartel General del Ejército
Juan Eslava, en la biblioteca del Cuartel General del Ejército

Hace ahora 100 años, las grandes potencias europeas se declararon la guerra unas a otras creyendo que antes de Navidad sus ejércitos habrían vuelto a casa. ¿Qué es lo que falló?

     Falló una cosa muy simple, y es que en las academias se preparaba a los mandos militares para una guerra decimonónica, con  movimientos de tropas, batallas decisivas, etc. Y eso ya no servía, porque recientemente habían aparecido la ametralladora, el alambre de espino, etc. Además, la capacidad industrial de los países había aumentado, por lo que ahora se podía llevar a cabo una preparación artillera de varios días antes de que avanzara la infantería. En definitiva, la guerra cambió por completo y los ejércitos no tuvieron más remedio que meterse en las trincheras. Después se fueron incorporando la aviación, el submarino, los gases asfixiantes, etc.

¿Por qué la Primera Guerra Mundial fue un conflicto mucho más sangriento que cualquier otro que hubiera conocido la humanidad hasta ese momento?

     La única explicación es que aquello se les fue de las manos. En las guerras anteriores había batallas que ocasionaban miles de muertos, pero esas batallas solían ser decisivas para ganar las guerras. Ahora era distinto, porque el sistema de recluta obligatoria y la gran población de los países permitían alimentar continuamente el frente, que se convertía en una picadora de carne. Realmente olía como tal, ya que a tres kilómetros hacia un lado y otro de las trincheras olía a carne podrida, porque la artillería desenterraba a los muertos. Todos
creían que batallas como la de Verdún o la del Somme iban a ser definitivas, pero eso no fue así. Los factores que realmente decidieron la guerra fueron la entrada de Estados Unidos (como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial) y el bloqueo marítimo del Reino Unido a Alemania. El hambre de la población y algunos motines, como el de Kiel, hicieron que el país tuviera que pedir el armisticio.

El detonante de la guerra fue el asesinato del heredero de Austria-Hungría y su esposa a manos de un nacionalista serbio. ¿Qué influencia ha tenido el nacionalismo en el devenir de Europa?

     El nacionalismo ha sido la plaga del siglo XX y sigue siendo muy perjudicial para todos los pueblos. No obstante, aquella fue la excusa para una guerra que tenía que ocurrir sí o sí, porque los países llevaban tiempo armándose para ello. Alemania quería tener un imperio colonial de donde extraer materias primas baratas y donde vender sus productos, pero las colonias se las habían repartido ya otros países. Por su parte, el Reino Unido veía amenazado su dominio de los mares por Alemania, que estaba construyendo una marina técnicamente superior a la suya.

¿Qué nos puede adelantar de su libro sobre la Segunda Guerra Mundial?

     En mi opinión, la Segunda Guerra Mundial fue una continuación de la Primera. Del mismo modo que en la Edad Media hablamos de la Guerra de los Cien Años, que tuvo periodos de enfrentamiento intermitentes, en el siglo XX podemos decir de un modo gráfico que Europa se suicidó por medio de una guerra dividida en dos. Mi libro está plagado de anécdotas, como la que cuenta que a los alemanes les gustaba mucho la Coca-Cola y que, cuando Estados Unidos entró en la guerra, dejó de llegar a Alemania el jarabe necesario para fabricarla. Por lo tanto, tuvieron que inventarse otra bebida, que llamaron Fanta.

Usted adopta en sus libros el punto de vista de la gente corriente. ¿Por qué?

     A mí me interesa mucho cómo vive la Historia el que la padece, no el que la hace. Me gusta fijarme en la vida cotidiana de la gente, en este caso en cómo los soldados sufrían en las trincheras mientras los generales vivían bien en la retaguardia. Había excepciones, claro, como la del general Pétain, que por eso era muy querido por la tropa. Esas diferencias comenzaron a desaparecer con la Segunda Guerra Mundial.

 ¿Qué recuerdos guarda de su paso por el servicio militar obligatorio?

      Mi mili fue muy cómoda. El campamento lo hice en Viator en el verano de 1969, y coincidió que participamos en el rodaje de la película ¡Agáchate, maldito!, que fue el último spaghetti western de Sergio Leone. A mí me vistieron de coronel mexicano, porque, como ya estaba un poco calvo y llevaba gafas de alambre, tenía un aspecto más venerable. De todos modos, esa escena no llegó a aparecer en la película. El resto de la mili la hice en la biblioteca de la IX Región Militar, en Granada. Aquello fue inmejorable.

En su libro sobre la Primera Guerra Mundial, cita varias veces la novela El buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek. ¿Qué otras obras basadas en aquel conflicto nos recomendaría?

     Yo elegiría dos: Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque, un autor muy denigrado por Hitler, y El fuego, de Henri Barbusse.
También podemos citar Adiós a todo eso, de Robert Graves, que salió traumatizado de la guerra, como muchos otros, y se vino a vivir a España. Ernest Hemingway escribió Adiós a las armas… En fin, se produjo una gran cantidad de literatura.

La Segunda Guerra Mundial es más conocida por el público gracias al cine. ¿Qué películas nos recomendaría?

     Enemigo a las puertas, a cuyo protagonista dedico un capítulo en mi próximo libro. Es una película interesante de principio a fin. Reconstruye muy bien la batalla de Stalingrado, con el paso del Volga y el ataque de los Stuka… También refleja la forma de luchar de los soviéticos, que te daban un puñado de balas y venga, búscate la vida. Por eso tuvieron tantos muertos. Otra película que me encanta es Salvar al soldado Ryan, con la escena del desembarco de Normandía. Pero también hay buenas películas sobre la Primera Guerra Mundial, por ejemplo Senderos de gloria, protagonizada por Kirk Douglas, que muestra la sordidez de la guerra.

El cabo 1º que no se rinde

Sigue sumando éxitos a su historial en carreras de ultrafondo

     En el camino hacia el éxito, rendirse no es una opción. Cuando se le pregunta al cabo 1º Juan Gómez Martínez, natural de Palma de Mallorca y de 37 años, lo tiene claro. Este militar —que acaba de llegar destinado al Grupo de Operaciones Especiales “Valencia” III,  desde el Regimiento de Infantería Ligera (RIL) “Palma” nº 47— podría  ser para muchos un cristalino ejemplo de perseverancia y esfuerzo, tras haber llevado a la victoria a su equipo del Regimiento en una carrera que, años atrás, casi acaba con su vida.

EL CABO 1º QUE NO SE RINDE
El cabo 1º Juan Gómez lideró
el equipo del RIL “Palma” nº 47
en los 101 kilómetros de Ronda

     Fueron necesarias 25 bolsas de suero para paliar la severa deshidratación que el cabo 1º Gómez sufrió en su primera aventura como corredor de los 101 kilómetros de Ronda, en 2012. Cuesta creer que, al año siguiente, no solo acabase la carrera, sino que él y su equipo lograsen el tercer puesto. Más sorprendente resulta saber que, en la edición de este año, el equipo del RIL nº 47, liderado por el cabo 1º Gómez, mordiera el oro en la popular prueba cívico-militar.

     Pero, cuando se está tan cerca de una experiencia tan fatal, ¿de dónde se obtiene la motivación para seguir corriendo? «Creo que es la fuerza que a todos nos enseñan en el Ejército —defiende Juan—, el tener un poco de orgullo, el tirar siempre hacia delante… Eso es lo que te ayuda a no dejar nada sin hacer». Para él resulta algo natural, evidente, «como cuando te ordenan un trabajo y lo tienes que acabar», afirma.

La Vuelta de los Gigantes

     La última aventura del cabo 1º Gómez le ha llevado directamente a enfrentarse a una de las carreras de ultrafondo más duras del mundo, del 7 al 12 de septiembre.

     El Tor des Géants (Vuelta de los Gigantes, en español) reúne en las montañas de Aosta (Italia), desde hace cinco años, a los atletas mejor preparados en la modalidad de ultratrail (carreras de larga distancia y que suelen tener lugar por zona de montaña).

     Un reto de gigantescas proporciones con sus 330 kilómetros de recorrido y sus más de 24.000 metros de desnivel positivo, que, además, deben completarse en menos de 150 horas. Juan los terminó en 120, pero no duda de la fama de la prueba como la más dura del planeta: «El segundo día ya lo pensaba», sentencia.

«Al tercer día nos cayó una tromba de agua en la que tuve mi primer problema en una caída. Me golpeé con una roca en la rodilla y me hice una herida». Sin embargo, su carácter no mostró síntomas de retirada. «Yo no pensaba en abandonar, pero me preocupaba que la rodilla se dejase de mover».

El factor del éxito
Para el mallorquín, el afán de superación no es el único ingrediente principal del buen corredor de ultratrail: «Aunque algunos piensen que es una locura, tienes que tener la cabeza bien asentada y saber a lo que te enfrentas». Aparte de estos elementos, el cabo 1º Gómez achaca su buen resultado en Aosta —terminó el 122º de 733 participantes— a las personas que tienen fe en él y al intensivo entrenamiento al que se somete a diario con el brigada Menéndez. «Es un orgullo correr por tu Regimiento», sentencia.

Blog del Ejército de Tierra