Malí, en el corazón de África

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 La llave de La Fábrica

En cada ciclo se forma a más 700 militares malienses en la base “Boubakar Sada Sy”, de Koulikoro

En Koulikoro, en uno de esos puestos de artesanía que tanto abundan, puede encontrarse la llave de Tombuctú. En su parte superior aparece la huella de un camello, rodeada por las estrellas del cielo que guían al viajero por el camino escrito en sus bordes hasta Tombuctú, la ciudad que está en ninguna parte, y que viene representada justo en el centro de la llave, y flanqueada por tres pequeñas flechas que simbolizan sus tres mezquitas. Eso, al menos, es lo que cuenta el artesano tuareg que las vende.

Y también en Koulikoro, población situada a sesenta kilómetros de Bamako, la capital de Mali, podemos encontrar otra llave: la llave de la estabilidad, la seguridad y la paz para una región que ha sido muy castigada por violentos hechos recientes. Esa otra llave es la Misión de Entrenamiento de la Unión Europea (EUTM, en sus siglas en inglés) en Mali, a la que España aporta, en la actualidad, el mayor contingente de todas las naciones participantes.

La EUTM Mali está desplegada en dos zonas: Bamako, la capital, y Koulikoro. El trayecto entre ambas demuestra que la relación espacio-tiempo, en una carretera en no muy buenas condiciones, siempre es relativa. Al estado de la carretera hay que sumar un número casi infinito de motocicletas, todas iguales y de fabricación china, que hacen más complicado el tráfico, amén de que los arcenes suelen ser transitados por mucha gente, yendo y viniendo, ocupada en sus asuntos.

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Pero en el viaje de Bamako a Koulikoro solo cuenta el río Níger, que atento a nuestra marcha, termina acompañándonos en toda su inmensidad hasta la misma puerta de la base “Boubakar Sada Sy” y demuestra, con su sereno movimiento, quién manda en el valle.

El contingente español en la misión de Mali tiene como objetivos el adiestramiento y el asesoramiento al Ejército de ese país para que sus integrantes adquieran las capacidades de combate necesarias con las que poder operar por sí mismos y contribuir a la estabilidad y pacificación de la zona. Las distintas tareas se reparten entre las 23 naciones europeas que componen la misión. Toda una apuesta contra el mito babélico que los componentes de la EUTM Mali desmontan día a día, probando que aquellos que quieren entenderse, con voluntad, siempre lo consiguen.

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Forjando soldados
La preparación de los soldados malienses tiene una duración de 10 semanas. Puede parecer poco tiempo, pero la intensidad del trabajo diario, la perfecta adaptación por parte de los instructores españoles a las características de los alistados y las ganas de estos últimos, que es el principal valor que destacan los militares españoles de ellos, hacen que el nivel de satisfacción por el trabajo realizado sea muy grande.

Todo esto no son solo palabras, sino que está corroborado por el hecho de que ya hay dos Grupos Tácticos adiestrados, operando con eficacia en el norte del país, y eso, sin duda, significa que se están haciendo bien las cosas. No, no son solo palabras.

Las 10 semanas de adiestramiento se completan con otras dos —que tienen lugar antes de iniciar este periodo— utilizadas para dar una instrucción previa a los jefes de Batallón, Compañía y Sección, de modo que cuando arriben a la base sus soldados ellos hayan adquirido cierta preparación táctica.

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Cuando se incorporan los nuevos soldados comienza un periodo de instrucción básica de dos semanas; continua con cinco semanas de preparación específica; en la octava y novena semanas se realizan misiones tipo compañía; y en la décima se lleva a cabo un ejercicio con fuego real en el que se pone a prueba todo lo aprendido y se certifica que el Grupo Táctico tiene capacidad interarmas.

Como explica el comandante Jorge Mariano, destinado en el Mando de Operaciones Especiales e instructor jefe de la Sección de Comandos Maliense, el adiestramiento es muy completo: «Es especializado e incluye las áreas de patrullaje y combate a pie, combate en zonas urbanas y también como patrulla motorizada, además de las disciplinas de topografía, preparación contra artefactos explosivos improvisados, tiro, comunicaciones, combate cuerpo a cuerpo, conducción de vehículos y formación como sanitario de patrullas. Y todo esto, tanto en instrucción nocturna como diurna». Sin duda, una preparación exigente y un reto para todos; tanto instructores como soldados.

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Así nos lo cuenta el soldado maliense Tié Kourou Traoré, de 19 años: «Es una instrucción muy dura, pero estamos aprendiendo tantas cosas que el esfuerzo merece, y mucho, la pena».

Podemos dar fe de que es dura la instrucción, sin que nos lo cuente nadie, porque solo ver el horario de actividades ya agota. A las 6.15 forman para dar novedades e iniciar la sesión de entrenamiento físico; a las 8.00 es el desayuno y, a partir de ahí, ya pueden imaginar lo que hay que trabajar para forjar un soldado en tres meses; incluyendo una salida al campo de doble jornada con ejercicio nocturno cada semana.

Como explica el capitán David Ferrera, destinado en el Grupo de Artillería de la Brigada Paracaidista y jefe de la Sección de Apoyos de Fuego: «Vienen con experiencia como soldados, pero tienen muy poca formación. Apenas traen conocimientos específicos, pero ponen tanto empeño en aprender que, explicándoles bien los procedimientos, los resultados son muy buenos».

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Eso es algo que destacan todos los militares españoles: la actitud de los soldados malienses y, en general, del pueblo de Mali, tan favorable a la misión que están llevando a cabo. Como nos dice el cabo Oriol Ruiz, destinado en la Compañía de Esquiadores Escaladores y jefe de vehículo en la Sección de Protección, encargada de dar seguridad a los convoyes y a los instructores para que puedan realizar con garantías su trabajo: «Da alegría ver las muestras de cariño de la gente cuando hacemos los convoyes a Bamako. La gente de Mali es muy amable, muy abierta». Únicamente hace falta dar un pequeño paseo por el campamento para comprobar, en el continuo trasiego de la población civil por la base, esta relación; y que a los nuestros, que ya han andado por otras misiones, es lo que más les sorprende cuando ponen por primera vez un pie en el campamento de Koulikoro —conocido entre los miembros de la misión como La Fábrica, porque de ella  salen buenos militares cada doce semanas—.

Para cerrar el círculo de la preparación, los soldados malienses no reciben exclusivamente clases de combate cuerpo a cuerpo o instrucción nocturna o tiro con lanzacohetes modelo GRAD 2M; también reciben clases de Derechos Humanos, concretamente asistimos a una en la que se explicaba la Resolución 1.612 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que trata de la protección de los niños en la guerra y la responsabilidad de los gobiernos nacionales de proporcionar protección y socorro eficaces a todos los niños afectados por conflictos armados. Una buena manera de terminar el día.

¡Ah, me olvidaba!, esta es la llave de Tombuctú; la otra, la de la paz y la estabilidad para un país que se la merece, costará un poco más; pero con los soldados españoles en Mali, sin duda, está cada día más cerca. Ellos tienen la llave de La Fábrica resumida en tres palabras: Comandos, Fuego y Protección; y no, no son solo palabras.

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Juan Eslava Galán. Escritor

«Me interesa cómo vive la Historia el que la padece, no el que la hace»

Juan Eslava Galán nació en Arjona (Jaén) en 1948. Estudió Filología Inglesa y se doctoró con una tesis sobre Historia Medieval. Tras viajar al Reino Unido, donde amplió sus estudios, regresó a España y comenzó a publicar novelas y ensayos. En 1987 consiguió el Premio Planeta. Es un escritor prolífico —ha publicado 79 libros— y con un gran sentido del humor. Su última obra, La Primera Guerra Mundial contada para escépticos, tendrá una continuación en enero con un libro sobre la Segunda Guerra Mundial.

Juan Eslava, en la biblioteca del Cuartel General del Ejército
Juan Eslava, en la biblioteca del Cuartel General del Ejército

Hace ahora 100 años, las grandes potencias europeas se declararon la guerra unas a otras creyendo que antes de Navidad sus ejércitos habrían vuelto a casa. ¿Qué es lo que falló?

     Falló una cosa muy simple, y es que en las academias se preparaba a los mandos militares para una guerra decimonónica, con  movimientos de tropas, batallas decisivas, etc. Y eso ya no servía, porque recientemente habían aparecido la ametralladora, el alambre de espino, etc. Además, la capacidad industrial de los países había aumentado, por lo que ahora se podía llevar a cabo una preparación artillera de varios días antes de que avanzara la infantería. En definitiva, la guerra cambió por completo y los ejércitos no tuvieron más remedio que meterse en las trincheras. Después se fueron incorporando la aviación, el submarino, los gases asfixiantes, etc.

¿Por qué la Primera Guerra Mundial fue un conflicto mucho más sangriento que cualquier otro que hubiera conocido la humanidad hasta ese momento?

     La única explicación es que aquello se les fue de las manos. En las guerras anteriores había batallas que ocasionaban miles de muertos, pero esas batallas solían ser decisivas para ganar las guerras. Ahora era distinto, porque el sistema de recluta obligatoria y la gran población de los países permitían alimentar continuamente el frente, que se convertía en una picadora de carne. Realmente olía como tal, ya que a tres kilómetros hacia un lado y otro de las trincheras olía a carne podrida, porque la artillería desenterraba a los muertos. Todos
creían que batallas como la de Verdún o la del Somme iban a ser definitivas, pero eso no fue así. Los factores que realmente decidieron la guerra fueron la entrada de Estados Unidos (como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial) y el bloqueo marítimo del Reino Unido a Alemania. El hambre de la población y algunos motines, como el de Kiel, hicieron que el país tuviera que pedir el armisticio.

El detonante de la guerra fue el asesinato del heredero de Austria-Hungría y su esposa a manos de un nacionalista serbio. ¿Qué influencia ha tenido el nacionalismo en el devenir de Europa?

     El nacionalismo ha sido la plaga del siglo XX y sigue siendo muy perjudicial para todos los pueblos. No obstante, aquella fue la excusa para una guerra que tenía que ocurrir sí o sí, porque los países llevaban tiempo armándose para ello. Alemania quería tener un imperio colonial de donde extraer materias primas baratas y donde vender sus productos, pero las colonias se las habían repartido ya otros países. Por su parte, el Reino Unido veía amenazado su dominio de los mares por Alemania, que estaba construyendo una marina técnicamente superior a la suya.

¿Qué nos puede adelantar de su libro sobre la Segunda Guerra Mundial?

     En mi opinión, la Segunda Guerra Mundial fue una continuación de la Primera. Del mismo modo que en la Edad Media hablamos de la Guerra de los Cien Años, que tuvo periodos de enfrentamiento intermitentes, en el siglo XX podemos decir de un modo gráfico que Europa se suicidó por medio de una guerra dividida en dos. Mi libro está plagado de anécdotas, como la que cuenta que a los alemanes les gustaba mucho la Coca-Cola y que, cuando Estados Unidos entró en la guerra, dejó de llegar a Alemania el jarabe necesario para fabricarla. Por lo tanto, tuvieron que inventarse otra bebida, que llamaron Fanta.

Usted adopta en sus libros el punto de vista de la gente corriente. ¿Por qué?

     A mí me interesa mucho cómo vive la Historia el que la padece, no el que la hace. Me gusta fijarme en la vida cotidiana de la gente, en este caso en cómo los soldados sufrían en las trincheras mientras los generales vivían bien en la retaguardia. Había excepciones, claro, como la del general Pétain, que por eso era muy querido por la tropa. Esas diferencias comenzaron a desaparecer con la Segunda Guerra Mundial.

 ¿Qué recuerdos guarda de su paso por el servicio militar obligatorio?

      Mi mili fue muy cómoda. El campamento lo hice en Viator en el verano de 1969, y coincidió que participamos en el rodaje de la película ¡Agáchate, maldito!, que fue el último spaghetti western de Sergio Leone. A mí me vistieron de coronel mexicano, porque, como ya estaba un poco calvo y llevaba gafas de alambre, tenía un aspecto más venerable. De todos modos, esa escena no llegó a aparecer en la película. El resto de la mili la hice en la biblioteca de la IX Región Militar, en Granada. Aquello fue inmejorable.

En su libro sobre la Primera Guerra Mundial, cita varias veces la novela El buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek. ¿Qué otras obras basadas en aquel conflicto nos recomendaría?

     Yo elegiría dos: Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque, un autor muy denigrado por Hitler, y El fuego, de Henri Barbusse.
También podemos citar Adiós a todo eso, de Robert Graves, que salió traumatizado de la guerra, como muchos otros, y se vino a vivir a España. Ernest Hemingway escribió Adiós a las armas… En fin, se produjo una gran cantidad de literatura.

La Segunda Guerra Mundial es más conocida por el público gracias al cine. ¿Qué películas nos recomendaría?

     Enemigo a las puertas, a cuyo protagonista dedico un capítulo en mi próximo libro. Es una película interesante de principio a fin. Reconstruye muy bien la batalla de Stalingrado, con el paso del Volga y el ataque de los Stuka… También refleja la forma de luchar de los soviéticos, que te daban un puñado de balas y venga, búscate la vida. Por eso tuvieron tantos muertos. Otra película que me encanta es Salvar al soldado Ryan, con la escena del desembarco de Normandía. Pero también hay buenas películas sobre la Primera Guerra Mundial, por ejemplo Senderos de gloria, protagonizada por Kirk Douglas, que muestra la sordidez de la guerra.

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