EL RETIRO NO ES EL FINAL

En el acuartelamiento “Infante don Juan” de Madrid se ubica la presidencia de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas (FAS) y la Guardia Civil, cuya presidencia, hoy por hoy, ocupa el teniente general de la Guardia Civil, José M. García Varela. «La Real Hermandad agrupa a todos aquellos militares retirados o en la reserva, sus viudas y huérfanos, que deseen seguir viviendo las actividades que realizaban en su etapa de vida activa», explica su máximo responsable.

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En la actualidad, la asociación cuenta con más de 21.000 miembros en toda España, que comparten los fines esenciales de la Hermandad: «Estos son dar continuidad a los valores e ideales de las FAS y la Guardia Civil, atender a la mutua ayuda y cooperar en la difusión de la Cultura de Defensa», enumera el teniente general.

De estos tres emanan las actividades e iniciativas que impulsa la asociación. El primero se materializa en la celebración del Día del Veterano, que cada año se celebra en un punto diferente de España, la participación en homenajes a la Bandera, desfiles del Día de la Fiesta Nacional o Día de las Fuerzas Armadas, etc. El segundo consiste en la gestión de ayudas económicas individualizadas a personas necesitadas, la realización de gestiones administrativas, actividades para el mantenimiento físico y psíquico de los asociados (clases de idiomas, informática, coro, viajes…). El tercero incluye la realización de jornadas, y seminarios en colegios, institutos y universidades. «En definitiva, tratamos de que el veterano tenga un envejecimiento activo y que viva esta etapa de su vida entre amigos», asegura el presidente. En opinión del coronel Antonio J. Domínguez, administrador general de la Hermandad, «nuestro funcionamiento es similar al de una ONG, ya que tratamos de ayudar a los compañeros y a la sociedad en general».

Desde la asociación se anima a todos los veteranos a hacerse socios. Para ellos, la reserva o el retiro no son el final, aún les queda “vida militar”.

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El teniente general de la Guardia Civil García Varela, en la imagen junto a los coroneles Celemín, Domínguez y Ramírez Verdún, así como del capitán de navío Estrada, dirige la Hermandad desde Madrid.

Entrevista a Roberto Álamo y Raúl Mérida, actores de “Zona Hostil”

Este año no ha podido empezar mejor para el actor Roberto Álamo (Madrid, 1970). Con un nuevo Goya a mejor actor protagonista por su papel en Que Dios nos perdone —ya tenía otro como mejor actor de reparto, conseguido en 2013, por La gran familia española—, y dos películas en cartelera —Es por tu bien y Zona Hostil—, parece que los fantasmas de la falta de trabajo que le persiguieron tras recibir su primer “cabezón” se han disipado.

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¿Este segundo Goya ha venido con un pan bajo el brazo?

Pues la verdad es que ya en la post-gala me ofrecieron una película y un par de series, así que no se va a parecer a lo que pasó después del primero, que me tiré siete meses sin currar. No es que siempre pase eso, en mi caso fue una casualidad. Aunque yo creo que el Goya ni te da ni te quita profesionalmente, a veces hay buena suerte y a veces hay mala suerte.

Pero ¿se trabaja con más confianza después de un reconocimiento así?

Lo que sí aporta un Goya es que te sientes querido por la comunidad del cine. Y eso no te lo quita nadie. En realidad, yo me dedico a esto para sentirme amado.

En su caso tuvo claro que quería ser actor después de ver una película…

Sí, la película Días de vino y rosas, de Black Edwards, con Jack Lemmon y Lee Remick. Tenía doce años. Después de verla me tiré tres días llorando a escondidas, y me repetía una y otra vez a mí mismo que quería ser como Jack Lemmon, capaz de generar esas emociones en la gente. Cuando cumplí 18 años le dije a mi padre que había decidido ser actor; no le gustó mucho, pero me dijo que si yo me pagaba los estudios, adelante. Me puse a trabajar de camarero…y hasta ahora.

Su último estreno ha sido la película Zona Hostil, que le ha permitido saber algo del Ejército con el que nunca había tenido contacto…

Yo no hice la mili porque no me llamaron. Cuando tenía 18 años estaba esperando que me llegase la carta, pero nunca me llegó, así que nunca supe nada del Ejército. Por eso yo venía a este proyecto con cierta precaución, imaginaba que me iba a encontrar con un grupo de hombres y mujeres secos, ásperos, con un trato difícil, y para mí fue un descubrimiento. Me encontré con gente que era como yo, con una salvedad: gran parte de esa gente tenía una pasión que yo no tengo, jugarse la vida para salvar a otros seres humanos. Cuando estás al borde de la muerte, lo que hace el ser humano es escapar, pero esta gente lo que hacía era quedarse e intentar solucionar lo que pasaba. Descubrí que aquí hay gente de todo pelaje; he hecho cuatro o cinco buenos amigos.

¿Qué le parece la historia que, además, es un hecho real?

Más allá del hecho trágico que fue lo que pasó con este grupo de militares españoles, como actor, para mí, lo interesante era saber qué sentían los personajes en ese momento. Al ser cine, se trataba de humanizar a los personajes para que se creara cierta empatía con el espectador, y eso era lo que más me llamaba la atención.

¿Qué impresión se ha llevado del Ejército después de esta experiencia con militares?

Lo que me más me ha fascinado de esta experiencia ha sido que la palabra individual no existe. Todo lo hace el equipo, hombro con hombro, es todo colectivo; incluso en la toma de decisiones hay un proceso compartido. Eso me fascinó y me hizo pensar en que a mí, como civil, me falta valentía para hacer lo que estos tipos hacen y con esa pátina de equipo, de conjunto.

Raúl Mérida (Granollers -Barcelona- 1988) estaría realizando patrullas por las calles con el uniforme de la Policía Nacional si esto de ser actor no hubiese ido para adelante. De hecho, había superado la primera parte de las oposiciones cuando le llamaron de un casting y, a partir de entonces, no ha parado de encadenar proyectos. Conocido por el gran público tras su papel de Felipe el Hermoso en la exitosa serie televisiva Isabel, en su último trabajo se ha metido en la piel de un teniente de la Legión en apuros.

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Policía y actor, ¿eso cómo se come?

Yo desde pequeño quise ser actor. En mi casa siempre imitaba a los actores y, desde muy jovencito, asistí a clases de interpretación. Pero cuando cumplí los 18 empecé a pensar en un plan B y a prepararme las oposiciones para Policía, aunque sin dejar mis clases.

Y desde entonces las cosas han marchado bien…

Pues sí, y cuesta asimilarlo. En mi primera serie de televisión tuve que trabajar con Toni Cantó y yo estaba “acojonao”, pero no deja de ser un privilegio. Ahí es donde más se aprende, trabajando con grandes actores como he tenido la suerte de vivir en estos nueve años de profesión. Aún me emociona y me siento muy afortunado de haber llegado hasta aquí sin nadie a mi alrededor que fuese artista.

¿Le cuesta verse en pantalla?

Verse a uno es una cosa que no me gusta. Al principio me ponía muy nervioso y me daba mucha vergüenza verme delante de la gente.

Pues en el caso de Zona Hostil ha visto la película incluso junto a los que le ayudaron a preparar el papel…

Sí, en Almería (donde también se realizó un pre-estreno). Estaba muy nervioso porque para mí era muy importante la opinión de los militares, y ellos están encantados. El primer reto era gustarles a ellos; ahora, a ver qué dice el resto del público. Algunos, después de verla, se acercaron a mí emocionados y me dijeron que, gracias a esta película, sus familias iban a poder entender qué es lo que hacen ellos en su trabajo o cuando van de misión, porque a veces les cuesta explicárselo.

Lo más complicado de interpretar al teniente Conte, ¿qué ha sido?

Lo más difícil ha sido intentar sentir mínimamente lo que ellos pueden sentir cuando están en una situación de riesgo donde se están jugando la vida, que para mí es algo muy lejano. Por mucho que yo me lo imaginara, por mucho que estuviera rodeado de helicópteros y hubiese disparos, llegar a ese punto de transmitir lo que sienten es complicado, pero creo que está bastante bien conseguido en la película.

¿Y cómo ha resultado la experiencia de trabajar con el Ejército de Tierra?

Para mí era un gran desconocido, pero aquí he conocido a gente maravillosa, entregada, con vocación, que no se queja nunca, gente de todo tipo… Ha sido un gran descubrimiento.

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