Bertín Osborne / Presentador, compositor y cantante

«El Ejército ha sido el mejor colegio para muchos»

Texto: Felipe Pulido / Madrid

Fotos: Bg. Ángel G. Tejedor (DECET)

Presentador, compositor y cantante. Aunque, de todas estas facetas, Bertín Osborne (Madrid, 1954) se queda, sin duda, con la última. Cuarenta años son pocos, o tal vez muchos, pues afirma haber tenido el tiempo suficiente para cumplir todos los retos que se ha propuesto en la vida. A pocos se les escapa que se trata de una de las figuras de más talla, y no solo por su altura, de la televisión. Su personalidad no deja indiferente a nadie. Acostumbrado a abrir sus puertas a los personajes más mediáticos y reconocidos del panorama español en el programa Mi casa es la tuya, visita por primera vez el Palacio de Buenavista. La casa del Ejército se convierte en la suya para recibir al Bertín más humano, al amante de los caballos, al que se conmueve con la palabra «madre», al fiel admirador de las Fuerzas Armadas.

¿Qué impresión le trae este lugar?

No he tenido la posibilidad de visitar antes el Palacio de Buenavista. Es un pedazo de historia maravillosa, como tantas otras que tenemos en España y que debemos conocer.

Admirador del Ejército…

Hice el servicio militar aquí, en Madrid, en la Subinspección de Caballería. Durante mi paso por el Centro de Instrucción de Reclutas, el sargento Carpio, que era estupendo, vio que tenía cierta facilidad para comunicar y me dijo que a partir de ese momento iba a dar las clases de armamento. Yo, además, tiro bastante bien. Me pareció formidable. Luego estuve a las órdenes del general Caruana, una persona fantástica. Era una época complicada, de atentados, y yo iba con él de chófer.

¿Qué opinión tiene sobre el Ejército?

Yo tengo mi opinión sobre el Ejército, independientemente de lo que piensen otros. Lo forma gente educada, abnegada, sacrificada, de orden y de bien.

¿Alguna unidad de referencia? Se entiende que la cosa va por la Caballería…

La Caballería de caballos, que es donde yo estuve. Soy sagitario, medio caballo y medio hombre… (Risas)

Si tuviera que entrevistar a uno de nuestros soldados, ¿lo haría en su casa o en la del militar?

Esta casa está muy bien. He conocido a algunos militares ilustres de este país a los que me hubiera gustado hacerles una entrevista.

De todos los personajes que han pasado por su programa, ¿cuál le ha sorprendido más?

La opinión que he tenido de los invitados ha sido mayoritariamente buena, muchos son amigos. Ha habido tres o cuatro que me han sorprendido, especialmente uno, el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy. Esperaba una entrevista más aburrida y ha sido quien más me ha sorprendido sin lugar a dudas; por su sentido del humor, por su saber estar, por su señoría… También ha habido algunos artistas, que yo no conocía y que me han sorprendido favorablemente.

¿Cuál es el secreto para llegar hasta el fondo de la personalidad del entrevistado?

No soy nada cotilla ni curioso, con lo cual, yo simplemente les dejo que hablen y charlamos de mil cosas. Y, entre esas, siempre aparecen treinta o cuarenta interesantes. No es un formato pregunta-respuesta, sino una charla como estamos haciendo ahora mismo.

¿Hay alguien que se le resista?

Su Majestad el Rey don Juan Carlos, al que le tengo un aprecio personal enorme, se resiste; Julio Iglesias también, aunque por otros motivos. Algunos no quieren airear su vida en televisión. Tampoco he podido entrevistar aún a una persona a la que tengo mucho cariño, como es Felipe González. Son cinco o seis horas de grabación y hay gente que te dice: «Macho, cuando hagas un programa más corto voy».

Le hemos visto como compositor, cantante, presentador… ¿Con qué se quedaría?

Cantante, sin lugar a dudas; es con lo que más me divierto y creo que es lo que mejor hago. Presentar ha sido un accidente en mi vida, que se viene repitiendo muchos años, pero que al fin y al cabo fue una casualidad. Me lo paso bien también; si no, no lo haría. El tema de presentar televisión es más pesado que un concierto. Me siento cantante cien por cien.

Su hijo Carlos ha participado en su último disco Cuarenta años son pocos, que vio la luz el pasado mes de octubre… 

Carlitos me da mucho miedo; toca el piano de narices. También le gusta cantar, pero yo espero que eso se le olvide cuanto antes…

¿Qué se siente al cantar junto a él?

Hemos hecho una canción juntos en este último disco y me asombró. Me sorprendió mucho el oído que tiene, supongo que lo habrá heredado. Pero que le guste tanto no creas que me tiene muy tranquilo.

Cuarenta años son pocos…

Son un huevo… Digo yo que son pocos para quedar bien. (Risas)

¿Ha cambiado mucho el Bertín de entonces respecto al de ahora?

Una barbaridad, como todo. No soy el de los 23 cuando empecé. Era un venado peligrosísimo con esa edad, y ahora sigo siéndolo, pero menos peligroso. Pienso las cosas un poquito más antes de decirlas. Realmente soy el mismo, pero con algunos matices.

¿Pensó en algún momento que llegaría a lo que es hoy?

Siempre pensé que iba a funcionar, aunque nunca que serían cuarenta años. Pensé que me iban a dar la patada antes, pero aquí sigo, cuarenta y un años después.

Desde la Fundación Bertín Osborne están impulsando gran cantidad de proyectos para ayudar a personas con discapacidad y sus familias…

Las fundaciones existen porque no se ayuda como se debería a las personas con lesión cerebral. Mi exmujer, con la que tengo una relación muy cercana, lleva la nuestra y lo hace divinamente. En este momento estamos ayudando a más de 2.000 familias, con niños y niñas como mi hijo, con unas carencias y unas necesidades tremendas. Una familia normal, con un niño como el mío, no tiene dinero para las terapias y ayudas que necesita. ¿Cuántas familias se pueden gastar 6.000 euros en una silla de ruedas para un hijo o una hija?

¿Hasta qué punto son importantes los valores en la vida de una persona?

Los valores profesionales no me preocupan nada, pero sí los personales. Estos te los tienen que enseñar primero en tu casa, no en el colegio. Una de las cosas que más me gustaba del Ejército es cómo sale la gente de educada. Cuando estaba en el cuartel, llegaban algunos que parecían becerros y salían hechos tíos. También había mucha gente del campo, que aprendió cosas que en su vida normal cotidiana no lo habrían hecho nunca. El Ejército era el mejor colegio que había con esa edad.

Al otro lado de la frontera

Cuando a comienzos de este curso que ya está llegando a su fin, dos de mis compañeros de la LXXVIII Promoción de la Academia General Militar y yo llenamos los maleteros de nuestros vehículos y nos dirigimos a Guer -una pequeña localidad situada en la Bretaña francesa- no podíamos imaginar hasta qué punto esta experiencia académica al otro lado de la frontera apuntalaría para siempre la forma de entender nuestra vocación militar. En Guer enriqueceríamos nuestra preparación como futuros oficiales del Ejército de Tierra mediante la realización, en virtud de un acuerdo de intercambio, del primer semestre de 4º en la Academia Militar de Saint-Cyr Coëtquidan,

Los alféreces Rey, Campos y Fernández en la entrada de la academia francesa

De los Alpes a Dangeul

Nada más pisar la école en la que se forman los oficiales del Armée de Terre, sin tiempo siquiera para deshacer las maletas, cogimos nuestro equipo y nos embarcamos en un nuevo viaje hacia los Alpes con alumnos franceses, alemanes, finlandeses y surcoreanos. Tras un largo trayecto en autobús, en el que aprovechamos para conocer a nuestros binomios galos, llegamos a Modane. Allí nos instruimos durante tres semanas en un curso de montaña estival gritando al unísono con nuestros compañeros “¡Assureur prêt, départ!o “¡Rapel libre!durante los respectivos ejercicios de escalada y rápel. Asimismo, llevamos a cabo diferentes ascensos de dificultad creciente para afrontar con garantías la prueba final, tras cuya exitosa ejecución obtuvimos el certificado BAM de alpinista militar.

A este intenso curso de alpinismo le siguieron varias continuadas, en las que realizamos asaltos, emboscadas, movimientos tácticos por los bosques bretones, combate en zonas urbanizadas y topográficas. Si bien estábamos familiarizados con todos los conceptos porque los habíamos trabajado antes en el plan de instrucción y adiestramiento de la AGM, su desarrollo nos resultó bastante “novedoso” debido a la importancia que los franceses le conceden al proceso de planeamiento a nivel sección y al detallado método que ponían en práctica para programar cada uno de los ejercicios.

Un botón de muestra fue la experiencia que vivimos en Dangeul, una ciudad situada en la región de Países del Loira en la que tuvo lugar una de las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Para estudiar este acontecimiento histórico y sus aspectos tácticos llevamos a cabo durante dos días una serie de actividades en las que todos los alumnos revivimos lo sucedido sobre el terreno y planeamos cuál hubiese sido nuestra manera de proceder de haber estado al frente de las tropas francesas. Así, por ejemplo, tuvimos que decidir si el asalto a un cruce de caminos debía hacerse de este a oeste, como realmente sucedió, o si, por el contrario, había que haber cambiado la dirección de ataque. Además, recorrimos la zona en la que se tendió una emboscada a los carros alemanes y examinamos el material de combate galo utilizado durante la contienda.

: La bandera de La General en la cima del Col d’Arplane

Geopolítica en ambiente internacional

Junto a las jornadas de instrucción militar, las clases de geopolítica fueron, sin duda, las actividades formativas más interesantes de nuestra estancia en Saint-Cyr, y no solo por el interés que de suyo poseían asignaturas como “Terrorismo en África”, “Política exterior y de seguridad de Rusia”, “Política exterior y geopolítica de China”, “Retos de seguridad en el Ártico” o “La transformación geopolítica del Golfo Persa” para comprender los renovados conceptos estratégicos de Seguridad y Defensa, sino por la oportunidad de trabajar en ellas con un vocabulario específico en inglés y una perspectiva verdaderamente internacional: la que nos proporcionaron los alumnos de Francia, Japón, Polonia, Austria, Estados Unidos, Italia o Noruega.

De este modo, estas sesiones nos brindaron la ocasión de dar a conocer a nuestros compañeros internacionales, a través de exposiciones orales, sugestivos aspectos de nuestra historia, como las campañas militares de los tercios o la actividad propagandística llevada a cabo durante la Guerra Civil española. Pero también nos acercaron su particular visión acerca de otros más recientes protagonizados por sus respectivos países, como el giro de la política exterior y de defensa del Reino Unido hacia la región de Indo-Pacífico tras el Brexit, la herencia geopolítica de las guerras del Golfo Pérsico o las tensiones crecientes en Ucrania y Afganistán.

Intercambio cultural y proyección internacional de los futuros oficiales del ET en Saint-Cyr

Desembarco en Normandía

No obstante, durante nuestro semestre al otro lado de la frontera, además de nutrirnos intelectual y militarmente, también llevamos a cabo una inmersión total en la cultura del país vecino. En este sentido, no solo aprendimos la organización de sus Fuerzas Armadas y la forma de trabajar de su Ministerio de Defensa, sino que también perfeccionamos nuestro conocimiento del idioma, y nos acercamos un poco más a su historia y sus tradiciones, sobre todo, a través de un didáctico viaje a la región que marcó el devenir de Francia y del resto de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

En nuestro particular desembarco en Normandía, visitamos los museos dedicados a la citada operación militar, la playa Omaha -que alberga el famoso cementerio americano de Colleville-sur-Mer-, las posiciones defensivas de la época y el también conocido cementerio de guerra alemán de La Cambe. Redescubrimos, a través del orgulloso y emocionado relato de los lugareños que nos asistieron como guías, la relevancia que el desembarco tuvo para la liberación francesa. Y además, llegamos a comprender que, a pesar de no contar con la grandiosidad del camposanto estadounidense —que, presidido por una enorme bandera nacional, acoge casi 10000 tumbas blancas a lo largo de 70 hectáreas de césped, un gran monumento conmemorativo y un muro en el que están escritos los nombres de otros 2000 soldados fallecidos cuyos cuerpos no fueron encontrados—, el sencillo cementerio construido en suelo galo para el reposo de los alemanes caídos en esa batalla era un inequívoco símbolo de la posterior unificación europea.

Aunque ya han pasado más de dos meses desde que regresamos de Saint-Cyr, el recuerdo de lo vivido, aprendido y compartido allí, lejos de difuminarse, se hace más nítido a medida que nos esforzamos por completar en La General nuestra formación como tenientes. Está claro que las fronteras delimitan, pero también unen, y hemos tenido la oportunidad de instruirnos para servir a España en otro país y en otra lengua, trabajando, además, codo con codo con cadetes de numerosos ejércitos aliados quienes, en un futuro próximo, podrían ser compañeros de filas en misiones internacionales. Esto no solo nos ha hecho más conscientes de la crucial responsabilidad que, como militares, tenemos de preservar, junto a su integridad territorial y su soberanía, la cultura y la historia de nuestra nación, sino que nos ha reafirmado en la idea de que, en el incierto panorama geopolítico actual, más que en cualquier otro periodo histórico, la salvaguarda de la Seguridad Nacional depende cada vez en mayor medida del fortalecimiento de la seguridad colectiva.

Caballero Alférez Cadete Daniel Campos Sánchez

LXXVIII Promoción de la Academia General Militar

Blog oficial del Ejército de Tierra