CABO 1º GARCÍA SALVADOR

UNA CARRERA DE SPRINT

 

Su pasión es el deporte. Siempre lo ha tenido claro; incluso cuando decidió entrar en el Ejército. Aunque el fútbol dominaba su vida, el atletismo se cruzó en ella a una velocidad vertiginosa que le ha llevado muy lejos en un periodo muy corto de tiempo.

Tenía 35 años —hace tres solamente— cuando el cabo 1º García Salvador, destinado en la Subdelegación de Defensa de Almería, comenzó a competir como atleta. «Pensaba que era rápido jugando al fútbol, pero me di cuenta de que no tenía nada que ver con lo que realmente requería este deporte», señala el militar.

Por ello, comenzó a entrenar muy duro todos los días hasta que logró el ascenso a Primera División del Campeonato Absoluto de Clubes, donde compitió en 2018. Sin embargo, no todo son triunfos en el exigente mundo del deporte y, a veces, a pesar del esfuerzo, llegan momentos menos dulces. Saber seguir el ritmo es un reto más de superación.

Esta temporada su club, el Granada Joven, ha competido en Segunda División en el Campeonato Absoluto de Clubes, disputado en Córdoba. Es en esta competición donde se decide el ascenso o descenso de categoría. De este modo, y aunque en relevos de 4×400 han conseguido la segunda posición, el resultado de otras pruebas puntuables para el ascenso por equipos ha situado al club a 13 puntos de Primera. «Los entrenamientos normalmente son individuales, porque es muy difícil coincidir todos», asegura. Sin embargo, matiza que son capaces de adaptarse y competir en equipo con gran rapidez.

Este 2019 se ha proclamado campeón en el regional de Andalucía, celebrado el 22 y el 23 de junio en Almería, en las modalidades de 200 metros lisos y en 4×100, en la Categoría Máster 35 —que va desde los 35 a los 39 años—; y ha alcanzado la plata en la modalidad de 100 metros lisos. Supera así las dos platas y el oro conseguidos en 2018. Además, ha sido primero en 100, 200 y 400 metros en el provincial de Almería, que tendrá que revalidar este año.

Estas marcas en 100, 200 y 400 metros le sitúan en los primeros puestos del ranking, y le han permitido competir a nivel nacional. En el Campeonato de España —del 28 al 30 de junio— ha entrado en la final en 100 metros lisos y en semifinales en 200.

Las distancias cortas son su especial ventaja y su sueño es lograr una marca mínima absoluta. Para ello hace uso de la frase del jugador profesional de béisbol Babe Ruth: «Es difícil superar a una persona que nunca se rinde». Eso le ayuda a no tirar la toalla ni en los peores momentos.

«Todo esfuerzo necesita de un sacrificio, y la mejor recompensa es el éxito personal», matiza. Por ello trata cada día de superarse en una carrera de  sprint por llegar a nuevas metas.

HÉROES EN CAMPAÑA

CABO 1º ÁNGEL CANALES LÓPEZ
II Bandera Paracaidista

Era por mayo y era Ifni

 

Es mayo de 2019, y es Murcia, un lugar donde el primer paracaidista condecorado con la Medalla Militar Individual, a sus 87 años, repasa su larga vida sabiendo que es mayo y que una primavera de muchos años atrás vivió una épica aventura que por su parte tuvo una épica respuesta. Es mayo y sabe que los mejores que conoció se fueron un mes de mayo. Y recuerda…

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El Junker T-2 calienta motores. El teniente Calvo Goñi, como jefe de pista, se prepara para dar la salida al avión. La visibilidad es de unos cinco kilómetros, hay nubes por encima de los 500 metros y la fuerza del viento es de unos 12 nudos. Dentro, una patrulla paracaidista del Ejército de Tierra se dispone a realizar una misión de adiestramiento y un salto sobre Tiliuin. Es 8 de mayo de 1957 y es Ifni.

La patrulla pertenece a la 9ª Compañía de la II Bandera Paracaidista, y el cabo 1º Ángel Canales, con su equipo, no sabe en ese momento que su misión no consistirá en saltar en paracaídas sobre Tiliuin; sino que será una misión más arriesgada y dolorosa apenas a unos cientos de metros del lugar donde el avión calienta motores.

Sobre las 9.15 el Junker despega elevándose, pero a continuación inicia una maniobra que todos sienten como extraña, mientras que desde tierra ven cómo una humareda en el motor izquierdo señala el comienzo del desastre. Rápidamente, sin que la tripulación pueda hacer nada, el aparato cae y se estrella contra el suelo. Pronto comienza el incendio y el avión se ve envuelto en llamas. El cabo 1º Canales ha resultado herido de gravedad. Los tenientes Díaz y Lima, el brigada Chirino y el cabo 1º telegrafista Atienza (tripulación del aparato) han muerto. También han fallecido el teniente Cañadas, los cabos 1º Vargas y Cuesta, el cabo Cobos y los caballeros legionarios paracaidistas Zúñiga, Benítez, Tabares y Gómez (de la patrulla de salto); así como el comandante Escuín, de Tiradores de Ifni, que se incorpora a última hora al vuelo para reunirse con sus soldados en Tiliuin.

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El Junker se ha convertido en una bola de fuego, y Ángel, después de salir de la primera inconsciencia producida por la fuerte colisión del avión contra la tierra, se da cuenta de que tiene que actuar rápido y, aunque está gravemente herido, logra rescatar como puede al paracaidista Diego Fernández, alejándolo de las llamas. Sabe que si vuelve a entrar se va a quemar, pues su piel está llena de llagas, heridas producidas por el fuego y tiene quemaduras graves en cara y manos, que apenas puede utilizar por los dolores que le provoca cualquier roce; pero no va a cejar en el intento de salvar a sus camaradas simplemente por ese “pequeño motivo” de que pueda morir. Vuelve a adentrarse entre las llamas en el aparato, arrastrándose y empujándose con los codos, y saca al paracaidista Carlos Ramos, a quien salva la vida.

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En ese momento llegan el teniente Sagasta y tres paracaidistas, que desde tierra vieron el desastre. El teniente, al ver el estado en que se encuentra el cabo 1º Canales —casi ciego, achicharradas su piel y su alma—, le ordena que se retire para que lo evacúen. ¿Y qué hace Ángel? Pues como buen soldado le dice que no, que se quedará allí sacando a sus compañeros, aunque solo sea para decirles al oído que no se preocupen, que él sigue allí. Que siempre estará ahí. Gracias a su rápida actuación y a su valor, cinco caballeros legionarios paracaidistas salvan su vida.

Cabo 1º Ángel Canales López

En el texto de concesión de la Medalla Militar Individual, viene escrito: A pesar de haber resultado con heridas graves en accidente de aviación, el cabo 1º Canales no reparó en exponer su vida para socorrer a sus compañeros y tripulantes del avión en llamas, demostrando un gran valor al reservarse la actuación más difícil, gran espíritu de sacrificio y acendrado compañerismo; por cuyos hechos se le concede la Medalla Militar Individual (Orden Circular de 1 de agosto de 1959. Diario Oficial del Ejército nº 170).

Cuando lo evacúan al hospital, los médicos, al ver el estado de Ángel, aseguran que no salvará la vida debido a las graves quemaduras que tiene en la piel. Durante muchos días no podrá ver. Él piensa que se va a quedar ciego para siempre y los brazos los tiene completamente inutilizados; pero su mayor dolor no era ese, sino el recuerdo de sus compañeros que se quedaron camino de Tiliuin: José, Juan, Luis, Pepe, Diego, Manuel, José, Carlos, Adolfo, José, Eduardo y Agustín.

Volver a su vida no iba a ser fácil, el cabo 1º Canales pasó 103 días en el hospital de Sidi Ifni recuperándose con intensos dolores; y de esos días recuerda mucho los padecimientos y a una monja que estuvo cuidándolo todo ese tiempo y a quien siempre consideró como una segunda madre.

Esta vez sí que supuso que el mes de mayo de 2019 era su mayo, porque él sabía que en mayo se iban los mejores, aunque también sabía que los viejos soldados nunca mueren, tan solo se desvanecen.

Cabo 1º Ángel Canales López

Es mayo. Es el año 2019, mientras el primer legionario paracaidista condecorado con la Medalla Militar Individual se desvanece con ese toque sutil y valiente que tienen los viejos soldados: «Desde luego, a mí que no me incineren, que ya me quemé una vez, y no quiero volver a vivir esa experiencia».

Blog del Ejército de Tierra