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Entrevista a… teniente coronel Crespo

«Creo que este libro me encontró a mí, en vez de yo a él»

 Ana Vercher / Madrid

Hay historias que son capaces de conmovernos y atraparnos de tal manera que ya no podemos olvidarlas nunca. Esto es lo que le ocurrió al teniente coronel Crespo —actualmente destinado en el Cuartel General de la OTAN, en Bruselas— cuando conoció la vida del cabo 1º Pedro Fernández-Mayoralas Ruiz, un héroe desconocido que desapareció en el combate de Edchera (1958) del que el teniente coronel supo por casualidad, cuando en enero de 2020 asistió en Almería a una conmemoración de dicho combate, organizada por la Brigada “Rey Alfonso XIII” II de La Legión. «Fui en representación del Regimiento de Transmisiones nº 21, donde estaba destinado en ese momento, y allí mismo decidí que quería contar su biografía, de la que me atrajo su sacrificio y generosidad. Por eso creo que este libro me encontró a mí, en vez de yo a él», asegura el teniente coronel Crespo. 

Teniente Coronel Crespo

Y así nació El alma del 21, que recoge los devenires de un total de 25 personas que sirvieron o amaron al Regimiento de Transmisiones nº 21, y que vio la luz justo cuando este celebraba su 150º aniversario, en 2022. «Al descubrir a Mayoralas, no pude evitar pensar que, en esos 150 años de la unidad, seguro que habría muchos más relatos increíbles que merecían ser contados. Así que decidí quitarme el uniforme, para ponerme el traje de arqueólogo de las pequeñas historias y vidas, e intenté ir a buscarlas y rescatarlas del olvido», explica el teniente coronel.

A través de 33 capítulos, el autor hace de portavoz de todas esas almas a las que les ha dado un sobrenombre con el que simbolizar el mensaje principal que quiere transmitir de cada una de ellas, «aquello que nos dijeron con su ejemplo y aún nos siguen diciendo». Así, el Hermano o el Eterno son algunos de los protagonistas de un ameno y emocionante viaje por la memoria del Regimiento de Transmisiones nº 21, ya que incluye a militares allí destinados a lo largo de distintos siglos.

Dos años le ha llevado la intensa labor de documentación necesaria para obtener la información oportuna con la que dar contenido a este libro. Se ha tratado de un proceso largo pero emocionante, para el que se ha servido de distintos recursos: «En el caso de los personajes más antiguos, ha sido a través de archivos militares, hojas de servicio, diarios de campaña y diversa documentación oficial del Regimiento. En cuanto a los más recientes, he podido reconstruir estas vidas increíbles gracias a la generosidad y ayuda de los familiares directos». 

Mención aparte merece la dificultad que le ha supuesto conseguir fotografías para poder poner rostro a estas historias. De hecho, el teniente coronel no lograba encontrar ninguna imagen de calidad de Mayoralas, así que decidió que, entre las miles de fotografías sin catalogar que conserva el Regimiento, escogería una de un soldado que le representara. La elegida fue una instantánea de un joven que miraba orgulloso y sereno a la cámara. «Cuál fue mi sorpresa cuando hace unas semanas pude conocer a la hermana de Mayoralas y me enseñó una fotografía de su hermano, y descubrí que aquel soldado anónimo era él», señala el teniente coronel. 

Así, el 30 de mayo de 2022, Crespo daba por concluido su libro. Lo hacía con la satisfacción de dar visibilidad a esas historias olvidadas, pero, también, por aportar su granito de arena para dar a conocer un poco más los valores que vertebraron —y siguen vertebrando— la vida de tantos soldados. «Cuanto más nos conozca la sociedad, más se acercará a nosotros», explica este valenciano, que ha querido donar los derechos de autor de El alma del 21 a Cáritas. Y es que precisamente de valores —y también de anécdotas y emociones— está cargada esta obra, con la que el teniente coronel pretende «llegar al corazón» de quien la lea. Publicada por la editorial Ygriega, puede adquirirse en librerías y en plataformas de venta de libros por internet. 

Cuaderno de bitácora

La Legión conmemora 65 años del Combate de Edchera, entre el valor heroico y el triste recuerdo
de una emboscada que permaneció imborrable en la memoria de los que sobrevivieron

Felipe Pulido / Madrid 

Amanece el 13 de enero de 1958. La XIII Bandera de la Legión parte de El Aaiún rumbo a Edchera. La tensión entre España y Marruecos vive momentos álgidos y el Ejército español teme un ataque a sus provincias africanas en el Sáhara e Ifni. Lo que pretendió ser una misión de reconocimiento se convirtió en una emboscada que tiñó de sangre aquel lunes negro. En total, cerca de medio centenar de fallecidos y una acción heroica que llevó a la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al brigada Fadrique y al caballero legionario Maderal, la más preciada condecoración militar, que no se ha repetido desde entonces. 

65 años más tarde, la Brigada “Rey Alfonso XIII” II de la Legión ha vuelto a conmemorar, como es habitual, el aniversario del Combate de Edchera y el Día del Antiguo Caballero Legionario, durante un acto celebrado el 15 de enero en la base “Álvarez de Sotomayor”, en Viator (Almería). 

El Jefe de Estado Mayor del Ejército, general de ejército Amador Enseñat, presidió el acto central, protagonizado por una parada militar en la que participaron los guiones de todas las unidades legionarias y el de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios. También estuvieron presentes los del Regimiento de Transmisiones nº 21 y la XIII Bandera, puesto que ambas unidades intervinieron en el Combate de Edchera. 

Al mando de la formación estuvo el jefe de la Bandera de Cuartel General, teniente coronel Fernández, y se contó con la participación del Tercio “Don Juan de Austria” 3º de la Legión, el Tercio “Alejandro Farnesio” 4º de la Legión, el Grupo de Caballería Ligero Acorazado “Reyes Católicos” II, el Grupo de Artillería de Campaña II, la Bandera de Zapadores II, el Grupo Logístico II, la XIX Bandera de Operaciones Especiales “Caballero Legionario Maderal Oleaga” y la Bandera de Cuartel General, con Unidad de Música y Banda de Guerra. 

Por su parte, el coronel Gomáriz pronunció unas palabras a todos los asistentes, como jefe accidental de la Brigada, al encontrarse el general Melchor Marín al mando del contingente español en la operación “Libre Hidalgo”, al sur de Líbano. 

La conmemoración del Combate de Edchera se realiza cada año junto al Día del Antiguo Caballero Legionario, por lo que se invita a participar en los actos programados a la Hermandad Nacional, a todas las que dependen de ella y a otras relacionadas con la Legión. 

El encuentro sirve de unión entre los que estuvieron y los que actualmente mantienen su servicio en las filas legionarias. 

Y si se puede extraer algo positivo de aquel cuaderno de bitácora que dejó el 13 de enero de 1958 es el espíritu de compañerismo, recogido en el Credo Legionario: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. 

 El RECUERDO DE EDCHERA 

En 2023, 65 años más tarde de la ofensiva de Edchera, muy pocos pueden contar en primera persona lo que allí ocurrió, pero la huella de aquello ha permanecido imborrable en sus recuerdos a pesar del paso de los años. 

«No se me puede olvidar nunca», recalca Antonio Jurado, que estuvo presente en el trascurso de los acontecimientos cuando era un joven soldado de la XIII Bandera desplegado en el Sáhara. 

«Nos avisaron el día anterior. Recuerdo que era muy temprano cuando nos enviaron rumbo a Edchera para realizar un reconocimiento», relata en primera persona. Él iba integrado al final de la columna cuando se produjo la emboscada. «Recibimos los primeros disparos desde retaguardia y vi cómo mis compañeros más cercanos perecían», lamenta. 

Las bajas se sucedían, ante la imposibilidad de frenar al enemigo, incluido el capitán Jáuregui, jefe de la 1ª Compañía. «Avanzó sin escapatoria, y se sucedieron cientos de disparos sobre el lugar en el que se encontraba», explica el veterano legionario. 

Cuando se ordena el repliegue, el brigada Fadrique pide a sus hombres que se dirijan por el cauce del río y él permanece en el lugar, con fusil ametrallador en mano, junto al caballero legionario Maderal Oleaga, para proteger el movimiento de sus compañeros. 

«Tuvimos que recoger a los muertos y heridos y transportarlos en varios camiones. Era imposible contabilizarlos», relata con la misma emoción de sentir cada imagen en vivo. 

Entre las víctimas estaban el brigada Fadrique y el caballero legionario Maderal, a quienes se reconoció con la más alta distinción militar. En el Combate, desapareció también el cabo 1º Fernández-Mayorala, sin que nunca se encontrara el cadáver.

«En mi cuerpo permanece aún la metralla de una explosión que me alcanzó la cabeza y los brazos, pero el mayor recuerdo se mantiene imborrable en mi memoria», concluye este legionario que vivió para contarlo.