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Vuelan cartas azules de sur a norte

Autor: Javier Ronda, Periodista.

Siempre había querido ser legionario y lo consiguió al final en su corta carrera militar truncada por una maldita granada de mortero que acabó con su vida en Mostar. El teniente Arturo Muñoz Castellanos de 28 años, de la V Bandera de la Legión de Ceuta nunca será olvidado y permanece siempre en el recuerdo. Fue el primer militar español muerto en una misión de paz en el extranjero.

Era la mañana del día 11 de mayo del año 1993. Su nombre está entre los legionarios, sus compañeros de la XLV Promoción y su viuda, Rosa López Petinal. El Teniente Muñoz Castellanos murió por un ataque croata cuando acaba de salvar vidas, había transportado junto con su Sección medicamentos y plasma a un hospital bosnio, entre disparos y granadas. Ese día, su ayuda humanitaria no cayó en saco roto y sirvió para que numerosos desconocidos sobrevivieran gracias a él. Por eso, el espíritu y el credo de los legionarios se hace más fuerte con la figura del joven teniente, ahora que se cumplen 30 años de las primeras misiones militares con soldados españoles en el exterior. Su heroica acción aún no ha terminado porque guarda datos y hechos desconocidos para la historia militar y también para la propia Legión. Cartas, sus pertenencias, su cámara de fotos, sus últimos instantes y casualidades…

“NUNCA LO OLVIDO, LO TENGO GRABADO EN LA CABEZA”

El entonces Sargento Julio Rueda (hoy Brigada en la Reserva) iba con el Teniente Muñoz 4 - copiaCastellanos en la Misión de las Naciones Unidas (NNUU) en los Balcanes dentro de la Agrupación Táctica Canarias, constituida sobre la base del Tercio D. Juan De Austria. Habían dado el relevo a la Agrupación Málaga. El Oficial llevaba tan solo un par de años en Ceuta y consiguió destino donde quería y cumplir su verdadero sueño: la Legión, en el Tercio Duque de Alba. Estuvo antes un año en su primer destino en el Regimiento de Infantería Flandes nº 30 en Vitoria, antes de vestir el uniforme verde y ponerse el “chapiri” que era su objetivo.

En la misión de Bosnia-Herzegovina que habían preparado durante meses en Ceuta, Muñoz Castellanos mandaba la 3ª Sección de la Compañía Alba, que estaba compuesta por una treintena de legionarios. Tan sólo llevaba un mes en esta misión de las Naciones Unidas, en un conflicto con ataques directos a los soldados de la misión. Aquella fatídica mañana entre escaramuzas croatas que no cesaban en una “zona hostil” llegaron a un hospital bosnio de Mostar desde la base legionaria de Dracevo, a una media hora de camino. Los 2 BMR iban cargados de medicamentos y plasma sanguíneo. En el blindado del Teniente Muñoz Castellanos y junto al joven Sargento Rueda viajaban además el conductor, un tirador, un intérprete, un miembro de la Cruz Roja y un comandante. Tras dejar la carga hospitalaria debían recoger de regreso a la base a un prisionero de los bosnios que tenían en su Cuartel General. Un cura croata, recuerda Rueda. “En unos soportales aparcamos como pudimos los 2 BMR mientras seguíamos sufriendo los ataques croatas en medio de unos Balcanes encendidos. Los disparos de los francotiradores y las explosiones de los obuses se concentran sobre la patrulla española. Los legionarios habían socorrido a varios civiles que habían resultado heridos, y querían abandonar lo más rápido posible la zona de la emboscada enemiga. El Teniente Muñoz Castellanos observa a un herido que se arrastraba entre unos escombros de la calle, con su espíritu legionario, valor y ayuda, sin dudarlo un instante, se separa de su Sección y acudió a socorrerlo. Una fuerte explosión se produce en ese momento.  El comandante, el intérprete y el teniente fueron los que se bajaron. Solo pasaron unos minutos cuando escuché unos gritos recuerda el Sargento Rueda. “Se me hizo un silencio entre tanto ruido enemigo cuando vi a un bosnio con una manta, relata el Sargento”, en ella debía ir envuelto uno de sus compañeros, “me lo temía, era mi Teniente Castellanos que había sido alcanzado por una granada”, entre rabia e impotencia asegura el suboficial. “No puedo olvidar esa imagen 26 años después”, añade, “me entregaron su armamento, su chaleco y su casco, se te cae el mundo, mientras en una ambulancia lo trasladan mal herido”. Para Rueda, “era la misión más peligrosa en las que he participado, también estuve en Kosovo en el 2003 y en el Líbano dos veces en 2006 y 2012”.

Rueda también recuerda que hizo varias fotografías con la cámara de su teniente y que luego fue entregada a su viuda. Algunas con niños bosnios y otras con sus compañeros.

        “VENGA QUIEN VENGA NADIE OCUPARÁ SU LUGAR”

Toda la Sección del teniente Muñoz Castellanos, que se debatía entre la vida y la muerte, antes de ser evacuado en  helicóptero, escribió una carta apresurada en pocos minutos que firmaron cada uno de la treintena de sus compañeros. Fue una misiva de ánimo, aliento y también de recuerdo, sin saber aún el desenlace faltal que aguardaba para el oficial legionario.

Era una emocionante carta poco conocida y divulgada que sólo buscaba entre dar fuerza al teniente heroico herido y hasta un milagro para salvar su vida. La carta fue manuscrita por el entonces sargento Luis Cordobilla (hoy Comandante destinado en la Brigada Aerotransportable del Ejército de Tierra (BRILAT) con sede en Figueirido (Pontevedera). Decía así:

A nuestro Teniente Arturo Muñoz de los suyos: Dentro de la tristeza que supone separarnos de nuestro jefe que sabía ser amigo a la vez de líder, nos queda la alegría de su recuperación.

Estos que aquí quedamos estamos marcados por su espíritu para siempre. Sea lo que sea de este grupo de hombres, sus hombres están marcados de por vida por el trece espíritu legionario: VALIENTES COMO ÉL SIGUIENDO SU EJEMPLO. Esperamos muy pronto sus noticias y no se preocupe, nosotros guardamos su sitio a nuestro frente. Venga quién venga, nadie ocupará su lugar.

Un fuerte abrazo de todos”.

                                        CARTA DE LOS COMPAÑEROS

Carta de los compañeros

CRUCE DE CARTAS ENTRE EL TENIENTE CASTELLANOS Y SU MUJER

Pocos conocen, sólo algún familiar muy cercano, que el teniente Castellanos mandó una carta muy emotiva, días antes de morir, a su mujer Rosa que estaba en su casa de Ceuta. No había teléfonos móviles y el género epistolar aún tenían su razón de ser. El destino cruzó cartas entre ambos. Ella recibió un mes después de la muerte de su marido una carta de dos folios que le remitió desde Dracevo donde el oficial legionario le contaba el día a día, su trabajo como militar y los buenos profesionales que había dentro de su Sección, la ayuda humanitaria que estaban realizando Mostar. También le daba ánimo a ella ante su ausencia. Por primera vez, vamos a conocer parte del contenido de esta misiva que ha permanecido entre las pertenecias que guarda su viuda.

CARTA DEL TENIENTE A SU MUJER DESDE DRACEVO

Su mujer que no tenía ni idea de esta carta también días antes de morir también le mandó por la estafeta militar un pequeño paquete con golosinas que le había pedido su marido para los niños bosnios, unas chocolatinas para él y un par de paquetes de tabaco. Él nunca leyó su carta. Cuando llegó a Dracevo, el teniente ya había fallecido. Semanas después el paquete completo sin abrir, con la emotiva carta de su mujer en su interior, volvió a ella hasta Ceuta. El Teniente Castellanos nunca pudo leer estas palabras de Rosa donde le animaba y contaba sus días para el regreso.

También otra carta desde el dolor no se puede quedar atrás. Se la remite el teniente coronel Enrique Alonso Marcili, día 14 de mayo, dos días después de la muerte a su padre el general Muñoz Berbel, destinado entonces en la Jefatura de Intendencia Económica-Administrativa en Burgos.

“Mi respetado General: como soldado sé que no es preciso que le diga el sentimiento que nos embarga a todos por la muerte de Arturo.

He sido su Jefe desde que se organizó esta bandera en Almería y en ese tiempo le he visto en todas las situaciones, en el trato con sus compañeros y en el mando a sus legionarios, por eso sé el cariño que éstos le profesan.

Él era consciente del riesgo de su misión, había recibido la orden de introducir en los hospitales de Mostar dónde se combatía plasma sanguíneo y anestésicos. No permitió a sus hombres abandonar la protección de los BMR, desembarcó el solo para cubrir los desplazamientos del personal de Cruz Roja y dos comandantes nuestros que les acompañaban. Gracias a esa decisión, que demuestra su valor, sus hombres quedaron protegidos.

Mi general, Arturo está hoy entre los hombres que han muerto en las filas de la Legión con la gallardía de los mejores y aunque eso no le puede consolar como padre, sí deseo que sienta ese orgullo como soldado. Hoy nuestra pena es enorme, cuando he formado al destacamento para informarle de la muerte del Teniente Arturo Muñoz Castellanos, hemos recitado nuestro espíritu y nos hemos comprometido una vez más, por su memoria, en el cumplimiento de nuestro deber.

Mi General a María Rosa no sabríamos que decirle, le ruego le transmita nuestro cariño y si en algo pudiéramos ayudarle, que no dude en acudir a nosotros.

Reiterándole el sentimiento de pesar de esta Bandera quedo a sus órdenes”. 

                              FAMILIA CASTRENSE  Y RECUERDOS

El teniente Muñoz Castellanos solo podía ser Legionario. Por sus venas siempre ha corrido sangre militar. Sus dos abuelos eran generales, también lo era su padre, además de otros familiares. Nació en Melilla donde conoció a su mujer Rosa López también de ascendencia militar.  Muñoz siempre quiso ser Legionario y el destino le llevó hasta a la Legión en Ceuta donde se preparó para su primera misión internacional donde se presentó voluntario. Una Compañía de refuerzo, procedente del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión de Melilla, se le bautizó con el nombre de “Cía Muñoz Castellanos” en recuerdo del Teniente.

El Museo de la Legión de Ceuta acoge la placa conmemorativa del fallecimiento del legionario, que se encontraba en la Plaza de España de Mostar, en Bosnia-Herzegovina. Cuando terminó la misión en el año 2011 se trasladó hasta el museo donde hay otra placa conmemorativa.

Arturo Muñoz Castellanos, destacó siempre por su entrega y será recordado por sus compañeros en una de las misiones más peligrosas del ejército español en el exterior, bajo mandato de las Naciones Unidas, que se cobró una decena de bajas, entre bombardeos y accidentes, varios de ellos eran legionarios como el teniente. Muñoz hace gala a la canción: Legionario, Legionario, que te entregas a luchar, y al azar dejas tu suerte, pues tu vida es un azar.

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Conocer a: CABO LÓPEZ FREEMAN

CARA Y CRUZ

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Cabo López Freeman

El militar lanza una moneda al aire. Sale cara. En ella está la carrera militar del cabo López Freeman, destinado en el Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” nº 1, y agregado al gabinete médico del Cuartel General. Se vuelve a lanzar y aparece, en el reverso, el joven de 34 años que empezó a coleccionar monedas cuando solo era un niño. Hoy tiene más de un millar de piezas en su colección.

 

Fue con solo ocho o nueve años cuando se despertó en él la ilusión por ser coleccionista. Sellos, monedas e incluso tarjetas de móviles. Inspirado en su padre y su abuelo, siguió con esta tradición familiar y comenzó a reunir, primero, piezas nacionales y, después, de otros países.

Como muchas de ellas son limitadas y difíciles de conseguir, encontró en ferias y eventos una oportunidad de ampliar su colección. «Tengo monedas de casi todos los países de Europa y de otros lugares como Estados Unidos, Canadá o República Centroafricana», expone el cabo López Freeman.

Hijo de padre español y de madre inglesa, su vida dio un giro cuando empezó a formar parte del Ejército en el año 2005. Lo hizo impulsado por la necesidad de ayudar a los demás. Con ese mismo objetivo se inclinó por la formación en Sanidad y se tituló como Técnico en Emergencias Sanitarias. «No he tenido ningún precedente militar cerca, pero a mi me gustó la idea de formar parte de esta gran familia con el objetivo de poder ser útil», explica.

Su vida es un contraste entre el Ejército y su pasión por las monedas. Ahora pretende dar un paso más y unir dos valores en uno. Al militar le gustaría poder plasmar el Ejército de Tierra en una medalla —similar a una moneda pero sin el valor nominal— y destacar en ella algunos elementos representativos de la milicia. No es la primera vez que él diseña su propio modelo. Ya lo ha hecho, junto a otros compañeros, en cuatro ocasiones (con motivos como la fauna). «Me gustaría ver un soldado, un carro de combate o una Bandera impresos en una medalla», señala ahora mirando a su nuevo objetivo. Para ello utilizaría la plata, ya que es uno de los materiales que más le gusta y resulta más accesible que otros, como el oro, debido a su precio.

«Coleccionar monedas conlleva un gasto económico importante, por lo que, algunas veces, tengo que intercambiar unas por otras», matiza. Y así sigue, cargado de valor, para que su sueño se haga realidad.