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Del agua, al cielo. Conocer a … Soldado Romero.

Cuando el soldado Romero, destinado en el Batallón de Zapadores de la Brigada “Galicia” VII, se subió por primera vez a una piragua tenía 11 años. No imaginaba entonces que, empujado por su pala, llegaría a tocar el cielo con las manos.

Así se sintió el 9 de septiembre en Prado Vila Verde (Portugal) al proclamarse campeón del Mundo, junto a su compañero Óscar Graña, en la modalidad de aguas tranquilas C-2 (Canoas para dos participantes o palistas). «Nunca esperas ganar. Fueron unas condiciones muy duras y requirió de mucha estrategia», manifiesta el soldado.

Del agua, al cielo. Conocer a… Soldado Romero

Hace solo un año que ambos campeones comenzaron a remar juntos en competiciones. Graña ya había sido campeón del mundo en varias ocasiones y Romero fue subcampeón mundial en 2010 y 2013. Juntos formaron el equipo ideal, a base de un entrenamiento constante: «Es importante entrenar a diario, más aún antes de una competición», explica.

Además del entrenamiento, el compañerismo es fundamental para lograr el éxito. Ambos deportistas trabajan por remar en la misma dirección y conseguir el máximo impulso. El soldado gallego, natural de la localidad de Boiro (La Coruña), reconoce que el Ejército le ayuda a valorar la importancia del trabajo en equipo, algo que luego aplica en su afición al deporte y se traduce en triunfos.

Del agua, al cielo. Conocer a… Soldado Romero

Aunque solo hace un año que Diego Romero decidió alistarse en el Ejército, motivado por el servicio a España, reconoce que cada día se siente más atraídopor la profesión.

El militar, algunas veces, requiere de pequeños esfuerzos para compatibilizar su vida familiar, profesional y su afición por el piragüismo. Sin embargo, destaca que el Ejército se lo facilita en la medida de lo posible: «Cuando tengo que competir la unidad me facilita disponibilidad para entrenar».

A sus 27 años, recuerda sus inicios en el mundo de las piraguas cuando solo era un niño: «No había tenido ningún contacto previo, ni conocía a nadie que le gustara el piragüismo». Sin embargo, durante un viaje escolar, descubrió que el agua era lo suyo y, desde entonces, no ha dejado de “remar”.

Este año ya ha conseguido varios éxitos a nivel nacional —subcampeón en C1 5.000 metros, subcampeón de la Copa de Sprint C1, campeón en C1 y subcampeón en C2 en la II Copa de Maratón y campeón de España en C2— e internacional —el Campeonato europeo en C2, celebrado en el mes de julio, y el mencionado Mundial—.

Del agua, al cielo. Conocer a… Soldado Romero

Y es que la del soldado Romero es una historia que salpica de agua el cielo; no solo por sus triunfos deportivos, sino porque el gallego es un amante de la ornitología. «Me gustan, especialmente, las aves», señala.

Su vida transcurre muy en contacto con el medio natural, donde puede descubrir a los diferentes seres vivos que habitan en él. Sin perder el ritmo de su pala, mira al futuro con la ilusión de mantener el nivel que ya ha conseguido y seguir creciendo en este sueño de pasar del agua al cielo.

Un siglo de complemento

El día 29 de junio de 2018 tuvo lugar la efeméride del nacimiento de la Escala de Complemento en España, que marcará su impronta en el devenir de las Fuerzas Armadas en el último siglo.

En la actualidad hay 444 militares de complemento en el Ejército de Tierra —uno con el empleo de comandante, 150 con el de capitán y 293 con el de teniente—, de los que 111 tienen una relación de servicios de carácter permanente.

Un poco de historia

La Ley de Bases para la Reorganización del Ejército, de 29 de junio de 1918, es la que cita por primera vez, con la denominación de Oficialidad de Complemento, a los cuadros de mando subalternos que, con una instrucción militar básica y apoyada en su formación académica civil, pudieran complementar a la oficialidad profesional. Aprobada en el turno de presidencia de Antonio Maura, promulgada como consecuencia de la 1ª Guerra Mundial, y con el fin de tener un Ejército más numeroso y preparado, evidentemente se necesitaba formar cuadros de mando con eficacia y rapidez. Además, en esta ley se contemplaba también, como novedad, la conveniencia de destinar a los oficiales según sus titulaciones civiles que se relacionaran con cometidos útiles para la defensa. La integración de los seleccionados fue total en las filas de la oficialidad de carrera ya que, dentro de las circunstancias de la época, estos no desentonaban ni con su clase ni con su cultura.

La Guerra Civil trajo como consecuencia la movilización de gran parte de la población. Se planteó formar cuadros de mando para el personal movilizado; así se desarrolló, en el ejército Nacional, el Decreto 94, que reguló la figura de los oficiales de Complemento, que se popularizaron con el nombre de “provisionales”. Hubo un total de 30.000 oficiales con los empleos de alférez, teniente y capitán. Por el ejército Republicano se creó una figura similar a los “provisionales”, los llamados Oficiales en Campaña  y Oficiales de Milicias Populares, 13.000 y 10.000 oficiales respectivamente, con los empleos de teniente y capitán. Debido a la escasez de mandos, tanto en el Nacional como en el Republicano, muchos de ellos mandaron habitualmente unidades tipo batallón. Obtuvieron gran prestigio, llegando a conseguir por el bando Nacional 363 Medallas Militares Individuales y la nada desdeñable cifra de 15 laureadas de San Fernando; y, por el bando Republicano, 23 Medallas al Valor de las 240 grandes condecoraciones concedidas por el Ejército Popular.

Acabada la Guerra Civil, y debido a la nueva situación, cesaron en sus empleos para seguir diversos caminos. Había que adaptar también el Ejército a los nuevos tiempos. Para ello se promulgó el Decreto de la Jefatura del Estado de 22 de febrero de 1941, en el que se instauró el servicio militar obligatorio y, como parte de reclutamiento, se conforma de nuevo la Milicia Universitaria (con oficiales y suboficiales “provisionales”).

El personal que cumplía el servicio militar obligatorio podía alcanzar el empleo de sargento regimental, prolongando un mes su servicio para realizar  las prácticas de dicho empleo.

Pronto, en vista de la escasez de cuadros de mandos en las unidades, se les permitió el reenganche como profesionales. Los oficiales ascendían al empleo de teniente a los 18 meses pudiendo alcanzar, con frecuencia, el empleo de capitán y, escasamente, el de comandante; mientras que los suboficiales  ascendían a sargento 1º y brigada.

A partir de 1973, la Instrucción Premilitar Superior (IPS) —denominación en el Ejército— se convirtió en la Instrucción Militar de la Escala de Complemento (IMEC), que permaneció como tal hasta la Ley 17/1989 de la Función Militar; en este momento se transformó en Servicio de Formación de cuadros de Mando (SEFOCUMA), siempre con características similares.

Situación actual

Con la implantación de la citada ley, los componentes de la Escala de Complemento en activo se integraron en las diferentes escalas según correspondiera a su titulación universitaria. Desapareció, asimismo, el sargento de complemento, y los que había se integraron en la Escala de Suboficiales. En la 17/1989, además, se crea la figura del Militar de Empleo, con categoría oficial, como heredera de la Oficialidad de Complemento.

Poco tiempo duró esta denominación y aquellos objetivos, pues desaparece con la Ley 17/1999 de la Carrera Militar, en la que se les vuelve a renombrar Militares de Complemento, situación que, con diversos matices, permanece en la actualidad. No obstante, las condiciones han mejorado sobremanera desde los Militares de Empleo —que tenían una perspectiva de 8 años, como máximo, de compromiso, sin promoción interna y sin posibilidad de permanencia—; de hecho, muchos cesaron a partir 31 de diciembre de 2003 y pasaron a la vida civil.

En la actualidad, los Militares de Complemento —y en virtud de la Ley 39/2007 de la Carrera Militar y de las sucesivas Leyes de Tropa y Marinería—, tienen la posibilidad de optar a la permanencia hasta la edad de pase a la reserva o de integrarse en las Escalas de Carrera mediante la promoción interna.

 Como uno más

El Militar de Complemento, en todos los casos y a lo largo de estos 100 años de historia, ha acreditado con creces sus valores, el amor a España y al Ejército al que pertenece; ha demostrado su profesionalidad en las unidades en las que ha servido; y ha alcanzado en épocas de paz y de guerra, luchando con denuedo, en el trabajo de cada día y en las misiones internacionales de las que ha formado parte, un alto grado de eficacia en las diversas misiones que se le ha encomendado.