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CUANDO HABLA LA MONTAÑA

Decía Maurice Herzog que no es más quién más alto llega, sino aquel que, influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente. Estas percepciones las sienten, casi todos los días, los montañeros que, como Herzog y muchos otros, han vivido la montaña llegando a quererla por lo que han recibido de ella.

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También los montañeros del Ejército Español son grandes enamorados de las cumbres, de la naturaleza y de los sentimientos que tanto el esquí como la escalada les generan, casi siempre intensos. Por eso son tan buenos esquiando y escalando, y por eso hacen tan bien su trabajo en condiciones muchas veces adversas.

Dice otro refrán montañero que la unión entre cordadas hace buenos camaradas. El peligro une más. Esta es una afirmación de siempre y con mucho sentido de realidad. La cordada es imprescindible para poder escalar. Al sufrir y salvar peligros juntos, se hacen buenas amistades. Reina la camaradería. La experiencia lo pone de manifiesto.

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El pasado martes 2 de agosto reinaba la camaradería en una cordada en Canfranc, en el Pirineo Aragonés oscense, pero, en esta ocasión, la montaña quiso hablar más alto. Un desprendimiento accidental cayó justo sobre la cordada realizada por componentes del Regimiento de Cazadores de Montaña “Galicia 64”, de la Jefatura de Tropas de Montaña, provocando la muerte del soldado Rubén Rangel Vizuete y heridas de diversa consideración a cinco de sus compañeros. Todos se estaban instruyendo para servir mejor a España y a su defensa en las cimas y los valles de las montañas que tanto aman. Rubén también amaba a la montaña y al Ejército, y ha entregado su vida cuando perfeccionaba sus técnicas de escalada para seguir cumpliendo las misiones que les pudiesen encomendar en ese tipo de terreno.

Rangel Vizuete

Rubén ha ascendido de la montaña de Canfranc a la más alta Cima, y todos los montañeros le lloran y le echan de menos. Pero no van a dejar ganar a la montaña, y seguirán escalando, esquiando y combatiendo entre riscos, gargantas y paredes, glorioso deber que en las cumbres invoca el escalador, según reza su himno. Seguirán siendo vigilantes del alba al anochecer recorriendo el glaciar sin desfallecer y contemplando horizontes sin par. Y Rubén, desde lo más alto, sonreirá, como siempre hacía, y seguirá, bajo la luna, silbando su canción. “ Dueño de la altura triunfador serás: ¡ vencerás, vencerás, vencerás!

EL GENERAL ÍÑIGUEZ DEL MORAL, CAMINO DE LAS NUBES

Ya cumplidos los noventa y dos años, después de atravesar todos los lugares y los días que arman la vida de un soldado, el teniente general Miguel Íñiguez del Moral, Jefe de Estado Mayor del Ejército desde el año 1986 al año 1990 , ha hecho su mochila de combate, ha recogido sus recuerdos, y ha guardado en su memoria y en la nuestra aquellos momentos que le dieron esos retazos de fama que nunca ambicionó, y por las montañas, en cuyos valles y cimas también estuvo destinado, ha tomado el camino de las nubes.

“Analizo, comparo y veo”, así se presentó en una entrevista a un medio el general Íñiguez del Moral, un hombre que le tocó dirigir cambios fundamentales en el Ejército en una época nada fácil para aquellos que en aquellos momentos les tocó conducir los destinos de España.

Como Jefe de Estado Mayor del Ejército, JEME acometió la siempre comprometida Ley de Función del Militar, “hay un enorme interés con respecto a cómo será la Ley de la función del Militar”; dirigió una profunda reorganización del Ejército, cuyo eje principal fue el Plan META, “estamos cumpliendo los plazos que nos marcamos el año pasado. Tenemos estructurada la Fuerza, nos falta algo del apoyo a la Fuerza y la definitiva restructuración del Cuartel General”; puso los cimientos del nuevo Ejército que durante su mandato daría los primeros pasos en la OTAN, “estamos experimentando una actividad enorme de intercambio. Cuando nuestros oficiales y suboficiales salen a países extranjeros para realizar cursos quedan espléndidamente. Parece ser que, al menos, a nivel técnico la preparación es muy parecida”; y se batió con todos los frentes que se le aparecían, con calma, tranquilidad y sosiego como buen oficial de Ingenieros; de la misma manera con la que se ha ido, después de atravesar todos los lugares y los días que arman la vida de un soldado.

También peleó contra los tópicos que esos años se enredaban en la conciencia de muchos; “ése es un tópico que pertenece a una página pasada de la Historia”.

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El teniente general Íñiguez del Moral se ha desvanecido como hacen los buenos soldados; pero su trabajo permanece en nuestra memoria y sus palabras, escondidas en viejos anaqueles del Departamento de Comunicación, siguen latiendo para todo aquel que quiera oírlas; pues poco antes de irse camino de las nubes concedió al Tierra una entrevista larga, pausada, y rica en contenidos y continentes.

Siempre a la orden, mi general, camino de las nubes.