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EL CORONEL DE LA TORRE Y LA ESCUELA DE INGENIEROS DE MONTES

Coronel De La Torre

Bernardo de la Torre y Rojas inició su carrera militar en el Arma de Infantería, aunque más tarde optó por Caballería, con la que desempeñó su carrera militar. Este militar destacó, especialmente, en el campo jurídico y el de la ingeniería, ya que, en España, fue el fundador de la primera Escuela de Ingenieros de Montes. Quienes han estudiado su vida, le describen como una persona con gran tenacidad y habilidad política, unas virtudes que supo aprovechar a lo largo de su carrera castrense y civil.

Por entonces, la legislación dictaba que el tiempo efectivo en el que los militares habían combatido en la Guerra de la Independencia —como en el caso de De la Torre— se les podía reconocer como años de estudio en las diferentes carreras del Estado. Gracias a esto, se examinó para optar al título de abogado, que consiguió en 1814. Además, participó en la campaña de expedición del Perú, en 1817, aunque le hirieron y, como consecuencia, quedó manco. Sin embargo, esto no supuso un impedimento y el coronel no perdió tiempo para desarrollar otra faceta profesional por la que, a día de hoy, se le recuerda.

Posteriormente, amplió su horizonte y, al estar en posesión del título de abogado, pudo formar parte del Tribunal Superior de Guerra y Marina. En esta nueva labor jurídica, fue miembro de la junta que preparó el Tratado de Londres de 1828, así como también participó en el proyecto de creación del Código Civil, la reforma de las Ordenanzas Militares o el Concordato con la Santa Sede. Más tarde, fue auditor de Guerra, fiscal togado y ministro togado del Tribunal Superior de Guerra y Marina, cargo con el que se jubiló de la carrera militar, en 1835.

La Escuela de Ingenieros de Montes

En 1848, cofundó —junto al ingeniero Agustín Pascual— la primera Escuela Especial de Ingenieros de Montes de España, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Eligió el castillo-palacio —construido en el siglo XV— de esa localidad porque formaba parte del patrimonio de la Casa de Chichón que él administraba. Esta fortaleza recuperó su uso militar en 1886 y, desde 1972, acoge el Archivo Histórico del Ejército del Aire. A pesar de que este coronel se dedicó a la parte más técnica de la Escuela, del mismo modo participó en su reglamento orgánico, en cuyas aulas los alumnos se preparaban durante cuatro años para después salir como ingenieros. En el primer curso, estudiaban matemáticas aplicadas a la ciencia forestal; en el segundo, la topografía y ordenación del terreno; en el tercero, las ciencias naturales; y en el último, abordaban plenamente las asignaturas forestales.

castillo (1)

Así, la primera promoción —de 29 alumnos, que se habían formado con cuatro profesores— egresó en 1852. Un año después, se creó el Cuerpo de Ingenieros de Montes, que contó con 45 miembros en sus inicios.

Hasta 1862, este militar fue su director —excepto entre 1853 y 1854— y encumbró el lema Saber es hacer, que dotaba a la Escuela de un sentido explícitamente práctico, lejos de un carácter más teórico. Precisamente, la revista Montes, que se publicó durante esa época, destacaba entre sus páginas que con ese lema se perseguiría devolver a la mitad del suelo español la cubierta vegetal perdida por siglos de incuria y codicia desenfrenada. De la Torre entendía que la Escuela debía formar a sus alumnos no solo con los conocimientos necesarios para ser un buen ingeniero de montes, sino que tenía que inculcarles el espíritu del trabajo que iban a desempeñar.

Con el caso del coronel De la Torre —de la misma forma que ha sucedido con otros—, la Historia vuelve a demostrar que no ha importado el resultado de las campañas y guerras o si los militares han quedado inútiles para dicho servicio. De la Torre continuó con su amor por España y sirvió de otra forma a la ciudadanía. Con su labor contribuyó a las primeras generaciones de ingenieros de montes, además de al campo jurídico. Un legado del que la sociedad se ha nutrido y que ha sabido aprovechar, gracias al gran trabajo que realizó.

 

TRAYECTORIA

Nació en Écija (Sevilla), en 1792.

Alcanzó el empleo de teniente con 16 años (en 1808), ya que ingresó muy joven en el Ejército.

Participó en la Guerra de la Independencia, encuadrado en el Ejército Central. Quedó inútil para el servicio militar durante una acción en Pampas del Rosario (Perú), en 1817. Tuvo que retirarse con el empleo de coronel, en 1835.

Fue socio honorario de la Academia de San Fernando; senador de forma interrumpida entre 1851 y 1868; y primer presidente de la Junta Consultiva de Montes, entre 1852 y 1856, entre otros.

Murió en Madrid, en 1875.

Un premio al trabajo bien hecho

Seis componentes de la última rotación que la Brigada “Galicia” VII desplegó en Mali han sido condecorados por la ministra de Defensa con la Cruz del Mérito Militar

Ministra

Los soldados Ríos y Gómez lucen en su uniforme una de las condecoraciones más apreciadas por lo que implica: la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. A ambos se las impuso personalmente la ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, en un acto celebrado expresamente a tal efecto en la base “General Morillo”, en Figueirido (Pontevedra), el 10 de septiembre.

Lo mismo hizo con el brigada Néstar y el sargento 1º Varela, a quienes se la impuso con distintivo azul; y con el capitán Matilla y el sargento Patiño, que la recibieron con distintivo blanco. Todos ellos tuvieron su papel en el atentado frustrado contra el Centro de Adiestramiento de Koulikoro, en Mali, ocurrido el 24 de febrero.

El soldado Ríos recuerda cómo la madrugada de aquel día se encontraba haciendo guardia en la puerta junto al soldado Gómez, quien vigilaba desde el vehículo. Eran las tres de la mañana y todo discurría con normalidad, hasta que un coche chocó contra una de las esquinas de la entrada. Aunque al principio pensó que podría tratarse de un accidente, sus dudas se disiparon cuando vio retroceder el vehículo y encarar de nuevo la entrada a toda velocidad. Su reacción fue casi instintiva, fruto de la instrucción y preparación acumulada en sus ocho años de servicio. «Me protegí tras un hesco y disparé. No podía dejarlo pasar», destaca. Entonces su compañero le avisó de que detrás venía un segundo vehículo, así que retrocedió para buscar mayor protección. Hoy es consciente de que eso le salvó la vida porque, de haberse quedado donde estaba, la explosión del segundo coche, cargado con 500 kilos de explosivo, le hubiese dado de lleno. «La metralla cayó a mi alrededor pero sin rozarme. Solo me comí la tierra que levantó la explosión», se felicita. A pesar de lo que acababa de ocurrir, el soldado permaneció en su puesto, cubierto de polvo, apuntando su arma hacia la entrada. Lo último que pensó en aquellos momentos es que su actuación y la de su compañero aquel día les iba a valer la concesión de “una roja”. Ellos solo sienten que hicieron su trabajo, como los dos suboficiales que recibieron la Cruz con distintivo azul, o los dos cuadros de mando que estaban de servicio aquel día, la de distintivo blanco.

El brigada Néstar y el sargento 1º Varela, del Equipo de Desactivación de Explosivos (EOD), estaban aquella noche en turno de alerta, en el que se alternaban con un equipo alemán. El brigada escuchó desde la cama la explosión, pero llegó a pensar que se trataba de un portazo del baño. Los cuchicheos y carreras que se sucedieron después les alertaron. Decidieron prepararse por si les reclamaban. Y así fue, unas horas después, cuando ya la Fuerza de Protección había asegurado la zona.

Lo que se encontraron al llegar a la entrada no era un escenario de los que hubieran ensayado. Nunca antes se habían enfrentado a 500 kilos de explosivo dispersos por el suelo y cuyo estado era una incógnita. «Por eso teníamos que ser muy metódicos y cuidadosos», indica el brigada. Estudiaron la situación durante horas, a cierta distancia pero, en un momento dado, no quedó más remedio que acercarse. Quien lo hizo fue el sargento 1º. A pesar del riesgo y la tensión, el suboficial no pensaba en otra cosa que en el cumplimiento de la misión. «En esos momentos estás tan concentrado que no piensas en nada más, y con la adrenalina a tope, no sientes ni el cansancio», explica. Una vez neutralizada la carga y recogidas las evidencias, para su posterior análisis, se fueron a descansar. Pero tampoco esperaban que les fuesen a dar una Cruz con distintivo azul por ello. Quizá les sorprenda porque, para ellos, no hay otra forma de hacer el trabajo que no sea la mejor posible.

 

CRUCES DEL MÉRITO MILITAR CON…

Pasador1

distintivo rojo

Se concederán a aquellas personas que, con valor, hayan realizado acciones, hechos o servicios eficaces en el transcurso de un conflicto armado o de operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de fuerza armada, y que conlleven unas dotes militares o de mando significativas.

Pasador2

distintivo azul

Se concederán por acciones, hechos o servicios extraordinarios que, sin estar contemplados en la sección 1.ª de este capítulo, se lleven a cabo en operaciones derivadas de un mandato de las Naciones Unidas o en el marco de otras organizaciones internacionales.

Pasador3

distintivo blanco

Se concederán por méritos, trabajos, acciones, hechos o servicios distinguidos, que se efectúen durante la prestación de las misiones o servicios que ordinaria o extraordinariamente sean encomendados a las Fuerzas Armadas o que estén relacionados con la Defensa, y que no se encuentren definidos en las tres secciones anteriores.