Conocer a… cabo 1º Ruiz

Siempre dispuestos a echar un brazo

En ocasiones, los presentes navideños llegan a los más pequeños de la forma más imprevista e, incluso, antes de tiempo. Y, por supuesto, sin que pueda importar su edad, nacionalidad o religión. Así lo ha vivido el cabo 1º Ruiz —más conocido por todos por su nombre de pila, Sbens—, quien, mientras ha estado de misión en el Líbano, ha tenido la oportunidad de ayudar a un niño de la forma más inesperada y haciéndole el mejor de los regalos. Una historia que vamos a conocer mejor y que suena a cuento de Navidad.

En el libanés distrito de Ain Arab, a unos 40 km de Marjayoun —donde se encuentra la base “Miguel de Cervantes”, en la que se sitúa el Cuartel General del Sector Este, liderado por España—, vivía un niño a quien le faltaba un brazo de nacimiento. Cuando la empresa Ayúdame 3D

—dedicada a hacer prótesis para personas en zonas de riesgo— se enteró, decidió fabricarle un brazo y hacérselo llegar a través de los militares que allí operan. Sin embargo, cuando se lo probaron se dieron cuenta de que no le quedaba del todo bien, algo que entristeció al chico.

Entonces, Sbens, que está destinado en el Regimiento de Infantería “Galicia” nº 64 de Cazadores de Montaña y que se encontraba en el Líbano de misión, recibió el encargo de rehacer el brazo y adaptarlo a las necesidades del niño. Allí sabían que Sbens era un apasionado de todo lo relacionado con las impresiones 3D y pensaron que sería la persona adecuada para llevarlo a cabo. Así, el cabo 1º se puso manos a la obra, dedicando el poco tiempo libre que tenía a esta tarea. Pronto se dio cuenta de que, prácticamente, «había que empezar el trabajo de cero e intentar conseguir un brazo que tuviese una forma ergonómica, le encajase bien y fuese cómodo de usar».

Siempre que Sbens podía, trabajaba en el brazo, también se acercaba a ver al muchacho y «le tomaba medidas, le hacía pruebas y adaptaciones», así durante casi dos meses. Sin apenas darse cuenta, llegó el día en el que el prototipo estuvo terminado y había que fabricarlo. «Quizá pueda imprimirse en la impresora 3D que tenemos aquí», pensó el cabo 1º. «Y como a este niño le gusta mucho Spiderman, ¿qué tal si lo hacemos azul y rojo, con una araña dibujada?». A todos les pareció una gran idea. Así, después de 20 horas de trabajo a pleno rendimiento, la impresora dio como resultado un par de brazos fijos de PlasPlug, «un plástico muy resistente y muy ligero», para que tuviese siempre uno de repuesto por si era necesario.

Entonces, a finales de noviembre, llegó el momento de llevárselos a su nuevo dueño. Todos estaban ilusionados por ver cuál sería su reacción y si le servirían. ¡Qué contentos se pusieron al comprobar que el brazo le quedaba perfecto! El chico se alegró mucho y su madre no paraba de darles las gracias a esos militares españoles que habían ayudado a su hijo.A partir de ese momento, el niño pudo jugar mucho mejor con sus amigos y sentirse más animado al ver que tenía brazo. Y no uno cualquiera, sino un brazo como el de Spiderman.

Por su parte, el jerezano Sbens —que siempre quiso ser militar— siguió trabajando en el Líbano, hasta que el 6 de diciembre volvió a España. Pero allí fueron a sustituirle otros militares españoles para seguir realizando todos los cometidos que tienen asignados, y que incluyen visitas y donaciones al colegio en el que precisamente estudia aquel niño que vivía en Ain Arab al que le faltaba un brazo de nacimiento.

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