El Gran estratega Villamartín

cuadro CTE Francisco Villamartin 2 solo lienzo 300 pp

El teniente coronel de Infantería Francisco Villamartín es uno de los pensadores militares más prestigiosos del siglo XIX en Europa, gracias a los estudios estratégicos que abordó a lo largo de su obra. Destacó por su aportación intelectual a los estudios militares —además de por su valía en el ámbito castrense— con un legado que traspasó las fronteras. Su carácter serio y retraído se fraguó con la influencia paterna. También fruto de ello, y de su relación con la milicia, sus publicaciones están marcadas por el profundo amor a la Patria, el deseo de que España brille como nación y la admiración que siente por el Ejército.

Con el empleo de capitán solicitó destino en Cuba en 1857 —entonces territorio español—, una etapa en la que desarrolló su curiosidad intelectual. Allí sirvió en el Ejército durante tres años, aunque regresó a Madrid debido a una enfermedad pulmonar que marcó el ritmo de su carrera y provocó que falleciera antes de cumplir los 40 años. Una dolencia que, sumada a la repentina muerte de su única hija —de la que nunca llegó a recuperarse— hizo mella en el carácter de este infante, que sustentaba sus valores en la familia.

El ímpetu por ampliar su conocimiento y estudiar los acontecimientos, hizo que se adelantara a muchos de ellos, tal y como refleja en su obra: La guerra del porvenir presentará lo que todavía no se ha visto, grandes desembarcos; y la lucha entre los dos continentes, necesaria para cumplir los destinos de las nacionalidades modernas, y para poner en armonía los intereses de los dos mundos.

Gran tratadista militar

Su aportaciones en el ámbito castrense le valieron para compararle con otros estrategas militares, como el prusiano placaClausewitz o el barón suizo Jomini. Gran parte de este mérito se debió a la obra Nociones del Arte Militar, que escribió en 1862. Se trata de un documento en el que defiende diferentes teorías en torno a la defensa de un país. Entre ellas, subraya la importancia de considerar la Ciencia militar así, y no como arte, ya que estima que la guerra es un fenómeno natural, social y psicológico. Aun así, incide en que, para evitar los daños innecesarios, solo se debe acudir a esta opción cuando se hayan agotado el resto de los recursos y medios persuasivos. Habla de una organización del Ejército con personal permanente sin tropas voluntarias, donde no haya espacio para la improvisación, porque lo contrario conduce al fracaso. Además, la obediencia militar debe limitarse con la ley, una premisa que va unida a la moral militar.

La madurez y el conocimiento de Villamartín se deducen en el documento, que aporta nuevos conceptos a las técnicas y estrategias bélicas, lo que provoca que sea considerado un tratadista militar que se adelantó a su tiempo. A pesar de la importancia posterior de esta obra —que contó con la recomendación real—, fue el militar quien la editó, para lo que tuvo que desembolsar una gran cantidad monetaria que le provocó fuertes pérdidas económicas y una deuda que duraría toda su vida.

Conocimiento y literatura

Este infante, que compaginó sus responsabilidades castrenses con estancias en bibliotecas, persiguió la excelencia intelectual a través de sus escritos, ya que pretendía engrandecer el Ejército. En su empeño, publicó Napoleón y la Academia de las Ciencias en 1863, donde abogó por el reconocimiento de la existencia de la Ciencia militar por parte de la institución francesa, y la creación de una sección dedicada a esta ciencia, tal y como proponía Napoleón III. La repercusión de la obra le valió el reconocimiento no solo de la reina española Isabel II, sino también del propio emperador francés, quien le concedió la Cruz de la Legión de Honor.

Villamartín estudió algunas guerras, como la franco-prusiana en 1870, que tituló La invasión germánica y analizó la Historia Militar de la Orden de San Fernando, en 1864, y la Historia de las Órdenes de Caballería, en 1865. Tal y como reflejó a lo largo de su vida, fue un virtuoso de las letras que escribió  sobre otros temas, como el Manual del viajero en el Escorial o El rey tuerto, un drama teatral que no llegó a publicar ni a representarse.

Este militar, coetáneo del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, recurrió también al periodismo cuando no tenía solvencia: fundó el periódico La Fuerza Pública y colaboró con otras revistas como El Correo Militar y La Discusión. En este último —que dirigía quien posteriormente sería presidente de la República, Francisco Pi y Margall—, escribió 12 artículos en los que profundizaba sobre la idea de crear una reserva nacional en el Ejército, con el mayor número posible de ciudadanos, además de establecer un servicio público militar permanente.

De igual modo que sucedió con Bécquer, Villamartín murió creyendo que había fracasado y sin saber que, años más tarde, su pensamiento estratega perduraría en la memoria de la historia militar.

TRAYECTORIA

  • Nació en Cartagena (Murcia) en 1833, hijo de un capitán de Infantería.
  • Ingresó con 14 años como cadete en el Colegio General Militar de Toledo y con 17 años fue nombrado subteniente de Infantería.
  • Ocupó la jefatura de la Escuela de Tiro de Infantería en 1866.
  • Su última participación en combate fue en la batalla del puente de Alcolea, en 1868.
  • Le nombraron Caballero de la Orden de Carlos III en 1864, gracias a la publicación de Nociones del Arte Militar (escrita dos años antes).
  • Murió con el empleo de teniente coronel, con apenas 39 años; fue en 1872, en Madrid.

Su pensamiento  se comparó con grandes  tratadistas militares, como Clausewitz

o el barón Jomini

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