Tomando el mando

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Tomando el mando

Amanecía en San Gregorio un frío día de febrero de hace ahora un año. Era la primera vez que me ponía al frente de una unidad, sin contar cuando había mandado a mis propios compañeros en algún ejercicio táctico en maniobras. Aquella mañana se mezclaban en mi interior sentimientos de responsabilidad, nerviosismo —por no saber si iba a responder bien a aquel reto— y, sobre todo, ganas, muchas ganas. Tenía ganas de probarme como mando con gente a mi cargo; ganas de demostrar que era capaz de poner en juego los conocimientos, las destrezas y los valores que me habían inculcado durante tres años a través del Plan de Liderazgo de la Academia General Militar y, cómo no, ganas de conseguir, como jefe de pelotón de la 221 Sección, el primer puesto en la segunda edición del Trofeo “Teniente Vicente García Cabrelles”.

Empezó la competición físico-militar y, a pesar de la dureza de la prueba, que constaba de una marcha de entre 12 y 15 kilómetros con obstáculos y una serie de ejercicios que ejecutar, la motivación estaba por las nubes. Los alféreces cadetes de tercer y cuarto curso, que liderábamos a los cadetes de primero y segundo, nos animábamos unos a otros, comentábamos que íbamos a darlo todo para intentar ganar, e incluso nos reíamos y bromeábamos mientras nos dirigíamos a la prueba inicial.

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Tomando el mando

No obstante, el tiempo estaba muy ajustado, por lo que ordené a mi equipo ir a un trote rápido para que no nos penalizaran. No podíamos permitírnoslo. Como jefe de pelotón, yo era el encargado de la topografía e iba indicando al grupo por dónde debíamos ir. Mi responsabilidad era enorme, ya que un fallo a la hora de leer el mapa podía significar que nos perdiéramos o, peor aún, que los cadetes perdieran su confianza en mí.

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Tomando el mando

Llegamos al primer obstáculo y lo pasamos en tiempo. También el segundo, y el tercero, y el cuarto. Estábamos cumpliendo objetivos, pero las risas del principio hacía mucho que habían dejado de escucharse. Todo el mundo callaba y sufría por la creciente intensidad de la carrera. Yo iba atento a la hora y, sobre todo, a la gente: nadie podía descolgarse del grupo. Cuando alguien decaía, los compañeros le ayudábamos a continuar. Avanzábamos cohesionados y centrados en la misión. No parecía que era la primera vez que trabajábamos juntos. Así, obstáculo a obstáculo, fuimos superándolos todos hasta llegar al último, luchando contra el cansancio, corriendo al tope de nuestras fuerzas como un solo hombre para llegar a la hora. Peleamos como equipo y ganamos el trofeo.

Este ejercicio de iniciación al liderazgo constituye, por un lado, un claro ejemplo de cómo en el Ejército el trabajo de cada individuo, fomentado por el líder y realizado con motivación y espíritu de unidad, contribuye a cumplir la misión encomendada, y, por otro, refleja la preocupación de la Academia General Militar por inculcar a los futuros oficiales las dotes de mando que demandan las complejas misiones internacionales en las que participan actualmente las Fuerzas Armadas españolas.

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Tomando el mando

Tales competencias se analizaron en profundidad en el II Ciclo Internacional de Conferencias de Liderazgo AGM-CUD que se celebró durante los pasados 27 y 28 de febrero en dicha Academia, y en ellas estuvimos presentes los cadetes para seguir aprendiendo a ser los futuros líderes del Ejército de Tierra, escuchando de primera mano a ponentes con experiencia en el mando de unidades en combate,  y comprobando cómo los valores del espíritu de sacrificio, el compañerismo, la disciplina y, sobre todo, la ejemplaridad que nos enseñan en la AGM sirven de sustento moral para llevar a cabo en situaciones límite las operaciones militares y de mantenimiento de la paz que precisa la defensa de nuestro país.

Porque, como tuve la oportunidad de comprobar durante las horas que tomé el mando en la 221 Sección, la figura del líder no es importante al principio de la carrera cuando las cosas son fáciles y todo va bien, sino cuando al final, con el cansancio acumulado y en una cuesta arriba, hay que aumentar el ritmo para llegar. Ahí es donde el líder marca la diferencia. Así es cómo se ganan las batallas.

Caballero Alférez Cadete Víctor Pérez García-Miguel

4º Curso de Infantería. LXXIV Promoción AGM

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