Vidas Paralelas

Son Fernández y Fernández, tenientes coroneles y hermanos. Gemelos, además. El día 17, del mes siete, del año 2017 han pasado a la reserva los dos. Pero aquí no acaban las coincidencias. Sus vidas han transcurrido de forma sorprendentemente paralela desde que este par de gemelos vinieran al mundo, el 17 de julio de 1959, en Carabanchel Bajo (Madrid).

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Terminando de recoger las pertenencias de su despacho en el Mando de Apoyo Logístico del Ejército, en el madrileño Palacio de Buenavista, la memoria,por si sola, viaja hacia atrás…
«Ingresamos en 1973 en la antigua Escuela de Formación Profesional de Automovilismo del Ejército, en lo que luego fue el Instituto Politécnico del Ejército (IPE) nº 1, en Carabanchel Alto —recuerda Javier— porque nuestra idea era, al terminar la formación,
montar juntos un taller de reparación de vehículos en nuestro barrio», ríe. La  hilaridad del teniente coronel por este recuerdo se debe a que ese taller jamás llegó a existir. En aquel momento, los hermanos Fernández no podían ni imaginar
que el gusanillo de la milicia les picaría de tal modo que les llevaría a vivir una aventura de 44 años de servicio a España en las filas del Ejército de Tierra.

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Del IPE nº 1 se fueron juntos a la Academia General Básica de Suboficiales en Talarn (Lérida), de la que salieron con el empleo de sargento en 1979. De este modo, tras un año en la Básica y dos en el IPE nº 1, se convirtieron en sargentos especialistas en helicópteros y, sin transición, “volaron” a la Unidad de Mantenimiento de Aeronaves en
Colmenar Viejo (Madrid), su primer destino. En él permanecieron seis años.
Allí, en las inmediaciones de la sierra madrileña, se dedicaron, sin querer, a volver loco a un capitán: «Primero iba a comer uno y después el otro, y para ir al comedor teníamos que pasar por delante del despacho de ese capitán. No entendía que, después de haber visto al sargento Fernández pasando camino del comedor y de que este le saludara,
al rato volvía a verle pasar camino del comedor otra vez. Y que, encima, le saludara con toda naturalidad, ¡como si fuera la primera vez que lo veía! Un día, completamente mosqueado, el capitán me preguntó cómo era posible…», recuerda Jesús. «Como esta anécdota nos han pasado unas cuantas, aunque menos de las que la gente piensa», añade. Inquietos y entusiastas, el par de hermanos tomó la decisión, al unísono, en 1985, de acceder por promoción interna a la Escala Especial de Jefes y Oficiales Especialistas. En 1987, los gemelos Fernández lucían dos estrellas de seis puntas sobre sus hombreras. En 2009 hicieron el curso de integración en la Escala de Oficiales del Cuerpo General del Ejército. Tras muchos destinos, unas veces juntos y otras separados, les llega ahora el comienzo de una nueva etapa. Definitivamente, el taller de vehículos en
Carabanchel no llegará. Sin embargo, entre sus ilusiones, está hacer, en comandita, el Camino de Santiago por la ruta francesa, desde los Pirineos.

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