Una vida sobre ruedas

El teniente Pedraza destinado en el Regimiento "La Reina" nº2
El teniente Pedraza destinado en el Regimiento “La Reina” nº2

Los vehículos están muy presentes en la vida del teniente Pedraza: en su profesión, porque trabaja con los Pizarro —en la 7ª Compañía del Batallón “Lepanto” del Regimiento “La Reina” nº 2—; y en su tiempo libre, cuando pasa muchas horas montado sobre su moto de enduro (una modalidad del motociclismo de gran dureza).
Aunque sólo hace tres años que se pasó a este deporte —antes practicaba trial— ya ha cosechado triunfos: un Campeonato y un Subcampeonato de Andalucía en la modalidad Cross-country (donde los circuitos son más extensos), un Campeonato de Enduro Andaluz, un tercer puesto de Enduro Indoor regional, y un Subcampeonato
de España de Cross-country por equipos.
Este año dio el salto a la competición nacional individual y, a falta de una prueba que se disputará en septiembre en Santiago de Compostela, ocupa la octava posición de la clasificación. «Rompí la rueda dos veces en dos de las pruebas y eso me hizo bajar puestos, pero confío en escalar alguno en Santiago. De todos modos, para ser mi primer nacional, creo que quedar entre los diez primeros sería una gran posición», explica.
Sus jefes y compañeros de unidad conocen su afición y le apoyan en todo lo que pueden para facilitarle acudir a las competiciones, que se celebran por toda España. Por ejemplo, a la última prueba, que se disputó en Lalín (Pontevedra), pudo acudir gracias a que otro teniente le cambió el servicio.

El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro
El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro.

El enduro es un deporte de gran exigencia física, porque hay que pasar muchas horas sobre la moto —las competiciones
suelen durar de 5 a 6 horas—, por terrenos muy accidentados, que machacan todos y cada uno de los músculos del cuerpo, con lo que se llega «hasta la extenuación». Su profesión le ayuda a afrontarlo, porque le mantiene en buena forma —aunque tiene que compaginar la instrucción militar con el entrenamiento específico y las horas de conducción—, y le ha acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo. «Aquí un día te diluvia, otro hace un frío increíble y otro te asas de calor, igual que pasa en la profesión militar cuando te vas de maniobras», subraya. Además, la simbiosis que debe existir entre máquina y piloto es muy similar a la que se produce entre el Pizarro
y su tripulación. «Sois tu máquina y tú; los dos tenéis que estar bien para conseguir la victoria», bromea.
Junto al sacrificio personal que exige el enduro, está también el económico. Al ser un deporte minoritario, los patrocinadores
no abundan. El teniente cuenta con dos colaboradores —un concesionario de motos y un centro de fisioterapia— pero, aún así, el grueso de la financiación sale de su bolsillo. El gasto en ruedas —un juego por cada carrera—, equipo, gasolina y viajes es «brutal» pero queda en un segundo plano, comparado con la descarga de adrenalina que aporta la competición. «Como en todos los deportes extremos, cuando acabas estás reventado, pero al día siguiente ya tienes ganas de volver», afirma. Como dice el refrán: sarna con
gusto no pica.

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