LOS CADETES SE MOJAN POR MALI

Un fuerte viento de Poniente, contracorrientes, bancos de medusas, 32 kilómetros de travesía, calambres… Todos estos obstáculos tuvieron que salvar la dama (DC) y los siete caballeros cadetes (CC) y alféreces cadetes (CAC) de la Academia General Militar (AGM) que atravesaron el Estrecho de Gibraltar a nado, el 8 de julio, encabezados por uno de sus profesores, el capitán Egea.

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo, los nueve nadadores y el suplente:  CC Vazquez, CC Fuentes, CC Fernández Souto, capitán Egea, CAC Rodríguez Mallorquín, DC Cerezuela, CC Péramo, CC Garre, CAC García Albalad, CAC Hinojosa

Pese a todo lo anterior, y a no ser nadadores profesionales como los demás que intentan el paso del Estrecho o haber tenido que compaginar los entrenamientos con la actividad académica los meses precedentes, lo lograron. Cinco horas y media después de haber partido de Tarifa arribaban a la playa de La Ribera, en Ceuta. Y es que la motivación estaba por encima de los inconvenientes y fatigas, pues el proyecto Construir futuro, Mali, dependía de ellos.

Gracias a su proeza, se construirá un centro educativo multifuncional en la región maliense de Kati. Allí, los Misioneros de África (Padres Blancos) se dedican a luchar contra el analfabetismo y a cubrir las necesidades básicas de una población en situación de pobreza extrema. Con su colaboración, Cáritas Castrense coordinará la gestión de los fondos recaudados gracias al reto de este grupo de futuros oficiales del Ejército.

LOS CADETES SE MOJAN POR MALI
LOS CADETES SE MOJAN POR MALI

«Soplaba poniente y eso animaba la velocidad. Llegamos, incluso, a alcanzar los 8 km/h, un ritmo bestial. Lo malo es que levantaba oleaje y el recobro se hacía muy difícil para remontar las olas. No obstante, en los sucesivos avituallamientos que recibíamos desde la embarcación, nos animábamos al comprobar que las millas pasaban entre estos altos técnicos. A su vez, la costa de inicio se alejaba y podíamos avistar la africana», relata el capitán Egea.

Por suerte, la gente de ANAA (Asociación de Natación de Aguas Abiertas de Ceuta) los llevó por buenas corrientes, ya que conocen bien el Estrecho. Aun así, llegando al Puerto de Ceuta, el tráfico era excesivo y un mercante de grandes dimensiones hizo que Seguridad Marítima los embarcara para bordearlo. Después pudieron seguir según lo previsto. Tenían por delante afrontar el Foso de Ceuta, recorrido por una fuerte corriente en sentido contrario a su avance. «Hubo momentos en que creíamos que no seríamos capaces de atravesarlo», admite el profesor.

“Ha sido muy duro, aunque los cadetes estaban psicológicamente preparados para un infierno. La causa hizo que el cansancio quedara por debajo del umbral de motivación” – Capitán Egea Profesor AGM-

Un grupo de ceutíes anima a los alumnos y al profesor de la AGM desde tierra
Un grupo de ceutíes anima a los alumnos y al profesor de la AGM desde tierra

 Sin embargo, el caluroso apoyo de la ciudad de Ceuta y tener al alcance de la mano la consecución de semejante desafío hizo que los nueve bracearan como nunca, pese al ataque implacable de las medusas.

Llenos de picaduras, finalmente, pusieron rumbo a meta a lo largo de 300 metros que recuerdan como «gloriosos»

El proyecto del centro multifuncional en Kati contempla la construcción de un colegio, talleres, comedores y un pozo de agua por un valor de 23.600 euros. 

  • El Corte Inglés: 1.800 euros (también colaboró comprando los neoprenos de los nadadores). 
  • BBVA: 2.000 euros. 
  • CONICO: 2.000 euros. 
  • Donaciones recaudadas en la playa de Ceuta: 2.000 euros. 
  • AVOCO Comunicación ha proporcionado camisetas a mínimo coste, con cuya venta se esperan recaudar 9.000 euros. 
  • ANAA: ha sufragado, prácticamente, todos los gastos de organización de la travesía.
  • Donaciones particulares a través de Cáritas Castrense: resto del importe.

 

 

 

 

 

Vidas Paralelas

Son Fernández y Fernández, tenientes coroneles y hermanos. Gemelos, además. El día 17, del mes siete, del año 2017 han pasado a la reserva los dos. Pero aquí no acaban las coincidencias. Sus vidas han transcurrido de forma sorprendentemente paralela desde que este par de gemelos vinieran al mundo, el 17 de julio de 1959, en Carabanchel Bajo (Madrid).

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Terminando de recoger las pertenencias de su despacho en el Mando de Apoyo Logístico del Ejército, en el madrileño Palacio de Buenavista, la memoria,por si sola, viaja hacia atrás…
«Ingresamos en 1973 en la antigua Escuela de Formación Profesional de Automovilismo del Ejército, en lo que luego fue el Instituto Politécnico del Ejército (IPE) nº 1, en Carabanchel Alto —recuerda Javier— porque nuestra idea era, al terminar la formación,
montar juntos un taller de reparación de vehículos en nuestro barrio», ríe. La  hilaridad del teniente coronel por este recuerdo se debe a que ese taller jamás llegó a existir. En aquel momento, los hermanos Fernández no podían ni imaginar
que el gusanillo de la milicia les picaría de tal modo que les llevaría a vivir una aventura de 44 años de servicio a España en las filas del Ejército de Tierra.

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Del IPE nº 1 se fueron juntos a la Academia General Básica de Suboficiales en Talarn (Lérida), de la que salieron con el empleo de sargento en 1979. De este modo, tras un año en la Básica y dos en el IPE nº 1, se convirtieron en sargentos especialistas en helicópteros y, sin transición, “volaron” a la Unidad de Mantenimiento de Aeronaves en
Colmenar Viejo (Madrid), su primer destino. En él permanecieron seis años.
Allí, en las inmediaciones de la sierra madrileña, se dedicaron, sin querer, a volver loco a un capitán: «Primero iba a comer uno y después el otro, y para ir al comedor teníamos que pasar por delante del despacho de ese capitán. No entendía que, después de haber visto al sargento Fernández pasando camino del comedor y de que este le saludara,
al rato volvía a verle pasar camino del comedor otra vez. Y que, encima, le saludara con toda naturalidad, ¡como si fuera la primera vez que lo veía! Un día, completamente mosqueado, el capitán me preguntó cómo era posible…», recuerda Jesús. «Como esta anécdota nos han pasado unas cuantas, aunque menos de las que la gente piensa», añade. Inquietos y entusiastas, el par de hermanos tomó la decisión, al unísono, en 1985, de acceder por promoción interna a la Escala Especial de Jefes y Oficiales Especialistas. En 1987, los gemelos Fernández lucían dos estrellas de seis puntas sobre sus hombreras. En 2009 hicieron el curso de integración en la Escala de Oficiales del Cuerpo General del Ejército. Tras muchos destinos, unas veces juntos y otras separados, les llega ahora el comienzo de una nueva etapa. Definitivamente, el taller de vehículos en
Carabanchel no llegará. Sin embargo, entre sus ilusiones, está hacer, en comandita, el Camino de Santiago por la ruta francesa, desde los Pirineos.

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Blog del Ejército de Tierra