HISTORIAS DE SOLDADOS

Los once de Dubái

Tcol. Norberto Ruiz Lima (DECET) / Madrid

Todas las misiones esconden su verdad. Todas las misiones necesitan su tiempo de preparación y de resistencia. Pero algunas misiones se hacen grandes en los detalles pequeños y, sin precisar fórceps de cirujano, parece que bogan sin dificultad. Aunque nada es producto del azar, sino de un engranaje bien trabado que se hizo fuerte en el pasado para ser necesario en el presente. Es agosto de 2022 y con una llamada de teléfono se pone en marcha la operación NEO (Non-combatant Evacuation Operation). Van a sacar a civiles no combatientes de Afganistán, pues sus vidas con la nueva situación sobrevenida están en peligro.

Empieza a anochecer y Rafa, Carolina, Carlos, Luis, Juan, Ramsés, Marín y Fernando, pertenecientes al Regimiento de Operaciones de Información (ROI)
nº 1, mientras están municionando en los hangares de la base aérea de Zaragoza
—donde solamente se oye el sonido de los cartuchos entrando en los cargadores—, recuerdan que hace unas horas se han enterado de que parten de misión. Desde este momento, comerán, dormirán y trabajarán juntos todos los minutos del día. Se les ha unido personal de Sanidad del Mando de Operaciones Especiales y de la Brigada Paracaidista, tres en total: Juan, Alicia y Jorge. Suman once. Serán los once de Dubái, pero todavía no lo saben. Por ahora, mientras municionan creen que su destino es Kabul, cuyo aeropuerto está en todos los telediarios mientras civiles desesperados intentan subir a un avión, aunque sea en sus alas.

Se les vienen a la cabeza las imágenes de hace un día mientras estaban con su familia de vacaciones, alguno de ellos en la playa. Todos aceptan la realidad, que no es otra que embarcar en un A-400 con destino a Afganistán. Nunca han usado el valor para cuestionar una orden, sino para cumplirla. Cada componente del equipo tiene una capacidad; este es el informático, comunicaciones y redes; ellos son expertos en cooperación cívico-militar (CIMIC); otros son combat cameras; otros son médicos y sanitarios; este es… Lo que se dice un equipo.

Aterrizan mientras amanece en Dubái. Es 17 de agosto y creen que van a repostar durante dos horas. En ese tiempo, Fernando, jefe de la misión, recibe una llamada y toda la operación gira dando un cambio drástico. Se ha decidido organizar un puente aéreo Kabul-Dubái y Dubái-Torrejón. La misión ahora es cubrir las necesidades del personal civil que es evacuado de Kabul y realizar una segunda filiación en Dubái, aprovechando toda la experiencia en cooperación cívico-militar que atesora el ROI 1.

El primer vuelo de afganos evacuados llega de noche. Como un navío al que obligaron a surcar por mares peligrosos y encuentra aguas tranquilas, el avión A400 toma tierra en el aeropuerto de Dubái y de él sale gente cansada y triste que lleva toda su vida en bolsas de plástico o en mantas atadas a modo de hatillo. Gente que también son hijos del mundo, un cosmos por sí mismos, en una situación que de puro ilógica parece inaceptable, pero que se ha convertido en real. Allí, los once de Dubái se dan cuenta, mirando sus ojos, que no somos solo lo que tenemos, sino que también somos todo cuanto hemos perdido; que las voces afganas que oyen son también sus voces; y que tienen que explicarles que después de ese arduo viaje tienen que volver a embarcar en otro avión. Al mediodía la pista rondaba los 50 grados centígrados.

Se da la señal para comenzar, y así con todos los vuelos que van llegando. Se afilia a todos a pie de pista con unas mesas improvisadas con cajas y, sobre ellas, un ordenador que tiene enlace directo con España. Se realiza un primer reconocimiento y se da apoyo médico a todo aquel que lo necesite, comenzando por las embarazadas y los niños. Alicia y Juan, la ATS y el médico del equipo, atienden a los afganos. Jorge está al pie de la escalera sobre la pista a 50 grados al sol: está repartiendo material sanitario. Como el sol no entiende que este momento no es tiempo de ponerse bravo, cuando puede Jorge se refugia bajo el ala del avión. Se entregan bolsas de comida halal. Se ha estudiado hasta el mínimo detalle. Las familias deben ir unidas y, si por casualidad algún integrante viniera en otro avión, se le abrirá la ficha para que pueda reencontrarse con sus familiares en España. En los asientos, las mujeres no pueden sentarse con varones que no son de su núcleo familiar. Carolina se extraña de que muchas de ellas quieran ir al baño del avión para cambiarse y ponerse ropa más occidental.

Rafa, Luis, Juan y Carolina, los de CIMIC, van como locos cuando hacen los recuentos: «Nos falta gente, cuenta otra vez. ¡Llama al intérprete!». Miran por todos lados y descubren que los niños en cualquier parte del mundo son niños cuando viven una aventura de este calado: «Tío, hay niños debajo de los asientos, ¡estamos todos!».

Carlos toma imágenes de todo lo que ve: es su misión. Eso cuando no lleva a un niño en brazos para que no se queme los pies en la pista. Para evitar esa quemazón se han puesto mantas en el suelo y en la escalera de subida al avión. Sus imágenes y vídeos aparecerán en numerosos medios de comunicación, alguna portada de periódico incluida. Juan se asegura de que todo llegue a su destino y cubre las necesidades de la prensa. Los de CIMIC continúan poniendo orden en el caos del embarque, y Fernando, bueno, Fernando tiene su propia misión atendiendo a los teléfonos y ejerciendo el mando en aquel lugar del mundo y en aquellas circunstancias.

Pero no quedaba ahí la misión; no solo CIMIC, no solo cámaras, no solo afiliación. Sobre las 17.30 se recibe la orden de que hay una necesidad urgente en Kabul de 500 bolsas de comida. «Necesitamos 500 menús para las 20.00, y ¡son las 18.00!». «Nos ponemos con ello», contesta Ramsés.

Inmediatamente se ponen en contacto con un proveedor local. El proveedor se echa las manos a la cabeza: «¿Para las 20.00 horas 500 bolsas de comida? It’s impossible». «Nothing is imposible», contesta todo el ROI. «Tú trae la comida como sea, nosotros nos encargamos del resto». Y allí estaban los once en el autobús, camino del aeropuerto, embolsando y repartiendo la comida para hacer 500 menús; y a pie de pista, y en la misma escalera del avión. Las 500 bolsas, esa comida tan necesaria, llegaron a Kabul, porque para eso estaban allí los once de Dubái.

LOS ONCE DE DUBÁI

Teniente coronel Cid

Brigada Mompel

Sargento 1º Samper

Sargento 1º Amorín

Sargento 1º Abadía

Sargento Marín

Soldado Alonso

Soldado Pascual

Teniente médico Díaz

Teniente ATS Alicia

Brigada Jorge

CONOCER A… CORONEL ARDANAZ

«Recibir a unos futuros padres es un momento muy emocionante»

Álvaro Val / Madrid

Posiblemente, el mayor desafío que tiene que afrontar una persona es criar a sus descendientes. No obstante, existen casos donde los padres no están capacitados —ya sea de forma permanente o temporal— para realizar esta labor. En ese caso, se abre la vía de que el bebé esté con una familia de acogida hasta que sea adoptado por una nueva o vuelva con sus ascendientes biológicos.

Coronel Ardanaz

Este es el caso del coronel Ardanaz —jefe de la Escuela Militar de Defensa Nuclear, Biológica y Química (EMDNBQ), en Hoyo de Manzanares (Madrid)—, que lleva desde 2012, junto con su esposa, acogiendo bebés de manera temporal —hasta que consigan un nuevo hogar o sus padres estén aptos para la crianza—. «Una compañera del Regimiento de Defensa NBQ “Valencia” nº 1, que empezó a hacer esta labor, nos mandó una foto donde se veían los niños que estaba acogiendo en ese momento, se la enseñé a mi mujer y le encantó la idea», así describe el coronel el momento en el que decidieron iniciar esta labor. Desde entonces, han cuidado 25 niños.

Habilitarse para ejercer esta tarea no es sencillo, ya que los interesados deben aprobar cursos, evaluaciones y realizar entrevistas con psicólogos, además de aprenderse las normativas vigentes y protocolos para actuar ante cualquier situación. A partir de ese punto, los candidatos filtran los menores que están dispuestos a acoger según diferentes parámetros, como puede ser el rango de edad —en este caso, el jefe de la EMDNBQ y su mujer escogieron los recién nacidos hasta que cumplan seis meses—. Una vez terminados los trámites pertinentes, los solicitantes ya pueden acoger a los niños.

La misión del coronel y su mujer es proporcionar atención afectiva, material y alimenticia al bebé: «Besos, abrazos, hablar con él, interactuar con él… Para que él se sienta querido y reaccione, para que vaya, poco a poco, criándose como debería un niño bien cuidado», apunta. Ellos no siguen un itinerario fijo de actividades con los recién llegados, ya que no saben, realmente, cuánto tiempo va a estar el niño.

El coronel Ardanaz reconoce la habilidad que tiene su mujer con los más pequeños: «Sabe sacar lo mejor de cada bebé». Esto se debe a que ella estudió Magisterio en su juventud, además de poseer la formación correspondiente en niños con necesidades especiales. Consecuencia de la situación laboral de ambos —su mujer vive en Valencia, donde realizan la labor de acogida, mientras que el coronel está destinado en Madrid—, la mayoría de los cuidados recae en ella, aunque él asume también la responsabilidad los fines de semana y siempre que puede. En todo caso, siempre intentan —y consiguen— salir adelante, como cuando el coronel estuvo de misión en Líbano, de mayo a noviembre de 2015. En aquella ocasión, su esposa estuvo cerca de parar el desempeño de esta tarea, pero decidió continuar ya que le sirvió para paliar la ausencia de su marido.

Independientemente de si el niño retorna con sus progenitores biológicos o le adopta una nueva familia, ellos sienten una profunda alegría por ello: «Ese momento es muy emocionante. Abrir la puerta de tu casa para recibir a unos futuros padres, que van a cuidar a ese bebé que has tenido en casa, es un momento de nervios y de satisfacción», señala el coronel. También es para ellos un momento de duelo, ya que se separan de ese menor que ha estado con ellos durante unos meses. No obstante, la adopción no es el final para el vínculo creado entre el matrimonio y los niños acogidos, ya que han mantenido el contacto con la mayor parte de los que han tenido y con sus familias: «Solemos felicitarnos las fiestas, intentamos vernos alguna vez al año, preguntamos cómo les va a los niños en el colegio, cómo están…», declara el coronel.

Finalmente, aseguran que se sienten apoyados por los compañeros del jefe de la EMDNBQ: «Todos reconocen la labor que hacemos mi mujer y yo. En todas las unidades en las que he estado intentamos que se hable de lo que hacemos», concluye el coronel Ardanaz.

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