El combate de Edchera

El Secretario de Estado de Defensa, el general JEME y el general jefe de la Brigada “Alfonso XIII”, junto con los supervivientes de Edchera

El 14 de enero de 1958, la XIII Bandera de La Legión en misión de reconocimiento se mueve en columna motorizada por la zona de La Saguía. En vanguardia figura la segunda compañía del Capitán Jáuregui. Estamos en el Sáhara, año 1958.

De repente un intenso ataque de fusilería y mortero hace que la unidad maniobre para responder a la amenaza y cuando los hombres de Jáuregui corren serio peligro de verse flanqueados, la tercera compañía se une a lo más duro del combate. A pesar de la dificultad del terreno, lleno de dunas y areniscas que favorece la emboscada, los legionarios avanzan, esclavos de su acometividad y deseando entrar en contacto con las fuerzas enemigas hasta llegar al choque.

Batidos por un intenso fuego se ordena un repliegue que va exigir unos sacrificios donde sólo se revelan los mejores soldados. Pero mejor, acudamos al texto de la Orden Circular de concesión de la laureada al brigada Francisco Fadrique, Diario Oficial del Ejército nº35 de 13 de febrero de 1962, donde pone negro sobre blanco el heroico comportamiento de todos los componentes de su sección:

Brigada Fadrique, laureado en Edchera
Brigada Fadrique, laureado en Edchera

Al mando de la 3ª Sección de la 1ª Compañía de la mencionada Bandera se ofreció voluntariamente para intervenir con su Sección en la acción que llevaba a efecto la 2ª Compañía de la Bandera, correspondiéndole avanzar por el lecho seco de la Saguía el Hamra, al mando de 31 hombres, incluidos los mandos del pelotón, siendo atacado por el enemigo desde diversos puntos y sufriendo bajas, a pesar de lo cual, prosiguió el avance.

El enemigo recibió refuerzos, contando con el doble o triple de efectivos que la Sección del Brigada Fradique. Así, el enemigo atacó por el frente y los flancos, y lo hizo a tan poca distancia que el combate se caracterizó por ser una constante lucha cuerpo a cuerpo. Tras intentar enlazar con su capitán para recibir instrucciones, decidió pasar a la defensiva, deteniendo con su fuego el avance enemigo, rechazando los ataques sucesivas veces, superando las bajas más de la mitad de la Sección, demostrando desinterés por sus heridas y un gran amor por sus subordinados, ordenó el repliegue a sus legionarios.

caballero legionario maderal
caballero legionario Maderal

El legionario proveedor del fusil ametrallador tenía que proteger ese repliegue, dando un continuo ejemplo de arrojo y valor, ordenando posteriormente la retirada de los dos Cabos, quedando él en compañía del legionario Juan Maderal Oleaga. En ese momento era herido en una pierna. No obstante, continuó en la lucha. El legionario Maderal cayó muerto y, de nuevo, el Brigada Fadrique fue herido en el vientre. Posteriormente herido de muerte en la cabeza. De los 31 hombres de la Sección 20 fueron bajas, entre ellos, los tres mandos del Pelotón.”

Tanto al brigada Francisco Fadrique Castromonte como al caballero legionario Juan Maderal Oleaga les fueron concedidas la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración militar en España, por el combate de Edchera. Ellos con su sacrificio facilitaron el repliegue de sus hombres y son claro ejemplo de acometividad, abnegación y arrojo. A día de hoy quedan ocho supervivientes del combate de Edchera y oírlos es oír la voz de la Historia, de toda nuestra Historia reciente. El pasado día 13 de enero, cinco de esos veteranos acudieron a la sede de la Brigada Alfonso XIII de La Legión para conmemorar esa batalla. Siempre en nuestra memoria, siempre con nosotros.

Formación militar 60 aniversario Edchera
Formación militar 60 aniversario Edchera

“AQUÍ CREEN QUE LOS ENFERMOS MENTALES ESTÁN POSEÍDOS”

Sor Ángela Gutiérrez Bada (Bores, Cantabria, 1946) lleva 27 años tratando de devolver su dignidad a los desheredados de la sociedad congoleña: los enfermos mentales. Ahora, su congregación necesita más recursos para poder llegar a un creciente número de pacientes en la hiperpoblada ciudad de Kinshasa.
¿Cuál es la misión de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús en la República del Congo? Somos una congregación fundada en 1881 por San Benito Menni, hermano de San
Juan de Dios. En aquel tiempo, frente a la situación de las mujeres y chicas enfermas mentales abandonadas, Menni tuvo la inspiración de fundar una congregación para ocuparse de las enfermas mentales. Realizamos esa misma misión en este país desde 1989, cuando fuimos llamadas por la Diócesis para ocuparnos de estos enfermos, de los que nadie se ocupaba.

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¿Cómo se trata y considera a los enfermos mentales en Kinshasa? Según el Programa Mundial de Acción enSalud Mental, más de 15 millones de congoleños tienen enfermedades mentales, en un país que carece de los recursos necesarios para atajar esta realidad. La mayoría de las familias no puede costear los tratamientos. Además, existe la concepción de que las enfermedades mentales están vinculada a las posesiones demoníacas y a la brujería, conceptos muy arraigados en la tradición y la cultura de un país que se encontraba, en 2013, en los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano. Los curanderos y las casas de oración son las primeras opciones para la población.
¿Ha cambiado algo la situación de estos pacientes desde su llegada? Cuando llegamos, nos encontramos con muchos enfermos por las calles, y epilépticos en plena crisis solos por el suelo. Nadie se acercaba para prestarles ayuda. Al contrario, se alejaban de ellos. Creen que son personas poseídas por malos espíritus y que no se les debe tocar. Enseguida comenzamos una campaña de sensibilización por radio y televisión, y en las parroquias. Actualmente los traen al centro para ser tratados.
¿Qué atención se les da en el dispensario? El Centro Telema —en lingala «poner el hombre de pie o levantado»— cuenta con médicos y enfermeros especializados en Psiquiatría, asistente social y psicólogo. En total, 22 profesionales al servicio de unos 150-200 pacientes al día. Contamos con una farmacia que dispensa los medicamentos que necesitan a un precio bajo, electroencefalograma, un taller gratuito de terapia ocupacional con capacidad para 40 personas y el Hogar Betania, en el que acogemos, en régimen de residencia familiar o comunitaria, a un máximo de cuatro enfermas mentales de la calle, con el objetivo de integrarles en sus familias y en la sociedad.

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¿Qué se hace para “reinsertarlas”? Se quedan con nosotras tres meses y, en este tiempo, les facilitamos tratamiento médico y buscamos a su familia. En el taller se les enseña a coser o bordar, según la capacidad de la persona. El Gran Hotel de Kinshasa (el más lujoso de la ciudad) nos ha ofrecido un espacio para vender sus trabajos y al final de mes reciben su sueldo, según lo que hayan hecho. Esto revaloriza a la persona y ayuda a que sea mejor acogida en su familia y en la sociedad.
¿A qué dificultades se enfrentan y con qué ayudas cuentan ? Nos encontramos con muchísimas dificultades, ya que el número de enfermos aumenta cada día por la situación del país. No olvidemos que Kinshasa tiene más de 11 millones de habitantes y solo cuenta con un dispensario, el nuestro. Por este motivo, hemos comprado, al otro extremo de Kinshasa, un terreno para ayudar mejor a la población. El proyecto es un dispensario de día, como el que tenemos actualmente, para acoger y ayudar a los errantes, con el fin de integrarles en la familia y la sociedad. Un taller para ayudar a todos los jóvenes enfermos y enseñarles un trabajo manual, para que sea útil para ellos mismos y para la sociedad, ya que no tienen derecho a ir a las escuelas ni a otros talleres, donde van el resto de las personas de su edad. También tenemos que construir la comunidad, que no existe de momento.

 No olvidemos que Kinshasa tiene más de 11 millones de habitantes y solo cuenta con un dispensario, el nuestro.

¿Cómo se les puede ayudar? Es verdad que necesitamos ayuda. Si cada uno aporta algo, entre todos podemos hacer mucho. Es lo que esperamos.
¿Cómo se les puede hacer llegar la ayuda? Tenemos una cuenta abierta para recibir las aportaciones que puedan surgir, con el fin de poder abrir el nuevo dispensario.

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¿Cómo es un día en la vida de sor Ángela? Empieza a las cuatro y media de la mañana, con la oración, en la que pido al Señor fuerza y acogida para el día que empieza. Entre las siete y las dos de la tarde estoy en el taller. Dos días por semana llevo el trabajo realizado al Gran Hotel, y aprovecho también para comprar los materiales necesarios. En casa tenemos un gran huerto, en el que cultivamos para cubrir nuestras necesidades y en el que también trabajo un tiempo. A las seis de la tarde ya estoy en la comunidad, junto con otras 16 hermanas, para la oración. A las nueve y media de la noche me voy a descansar, no sin antes haber pedido por los que he encontrado en ese día, y pedir perdón por mi falta de atención o por lo que no he podido hacer.
¿Cuál es la alegría de su vocación? Mi alegría es haber sido llamada para vivir aquí, donde puedo compartir con ellos el sufrimiento, la fe y la esperanza, y, junto con ellos, luchar para lograr un futuro mejor. Pero el sufrimiento es grande y, cuando uno no puede hacer nada, es como una espina que se clava en el corazón

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