Dedicado a nuestras familias: ‘Caminos que recorrer’

Cuentan que todo viaje empieza con un primer paso, un pequeño paso; pero, en el Ejército, algunos de esos viajes a lugares remotos y peligrosos tienen su principio en la necesidad de cumplir una misión.

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La misión puede consistir en  trabajar como Fuerzas de Mantenimiento de la Paz para Naciones Unidas en Líbano; o como instructores de las Fuerzas Armadas de los gobiernos legalmente constituidos y que luchan contra el terrorismo en Mali o Irak; o vigilar los cielos con baterías antiaéreas de un país perteneciente a la OTAN como en Turquía; o una misión de asesoramiento en la República Centroafricana; o en la República Democrática del Congo; o…

Este tipo de viajes son capaces de cambiar el presente y el futuro del viajero; los llenan de nuevas experiencias, sentimientos y emociones ; aunque, a veces, el cumplimiento de la misión puede acarrear dejar la vida allí; y quien es desplegado a operaciones está dispuesto a ello; porque los soldados donde les mandan van y donde se les requiere se presentan.

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Pero, ¿de qué están hechos estos viajeros que les mandan a  lugares lejanos y, a veces, peligrosos?

La principal condición que portan estos hombres y mujeres es la de saber que están haciendo lo correcto, que sus trabajos, a veces en escenarios muy complejos, traen beneficios y seguridad al pueblo español y a aquellos que también necesitan de su ayuda en países llenos de violencia. Esos viajeros tienen la convicción de que hacen lo que se debe hacer y lo que tienen que hacer.

Ese es el primer paso de su viaje, pero desde mucho antes no han dejado ni un momento la dura preparación, el estudio, los largos días y las largas noches de maniobras, el conocimiento de los medios que el pueblo español pone a su disposición, o  el entrenamiento físico.

Los viajeros regresan a casa y cada uno de ellos traerá de su misión su propia memoria, y contarán cosas diferentes aun habiéndolas vivido en el mismo lugar y en el mismo momento, porque es bien sabido que lo que el ojo ve no se queda sólo en la retina.

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A la vuelta les esperan sus familias -sus hijos, sus parejas- que han vivido su aventura de una forma distinta con esfuerzo; que han hecho ese viaje, en vez de en el presente como el viajero, en el pasado; llenando muchos de sus momentos en casa con los recuerdos que tenían antes de que el viajero diera ese primer paso con el que comienza todo camino. Porque ellos, su familia, sabe bien que los soldados donde les mandan van, donde se les requiere se presentan.

Gracias por esperarnos siempre

pdf_icon_16x16 Artículo Boletín Tierra mayo 2015 (página 7): ‘En casa, sin novedad’. Experiencia piloto de apoyo a las familias del personal en Operaciones,

 

EL LINCE, UN BLINDADO EN OPERACIONES

En estos tiempos que vivimos, las noticias las tenemos en la palma de la mano con el simple tacto de un dedo sobre un cristal. Las redes sociales dejan cada vez menos espacio para momentos de calma; y los sobresaltos que antes viajaban de boca en boca ahora nos asaltan de manos de ese inconmensurable Aleph virtual, que ya no está bajo la escalera del desván del insigne poeta Carlos Argentino Danieri, sino en nuestro móvil.

Hace unos días saltaba una alarma en las cuentas de twitter y facebook del Ejército informando a la sociedad a la que sirve que en Iraq “el soldado Aarón Vidal López, destinado en el Regimiento de Caballería Ligero Acorazado Lusitania nº 8, falleció en un accidente de tráfico ocurrido en Besmayah. En el mismo accidente resultaron heridos el cabo Felipe Capa Medina y el soldado Jesús Ángel Alacid García. El soldado Vidal y sus compañeros se encontraban a bordo de un vehículo Lince, que estaba parado junto a la entrada de la base Gran Capitán. En ese momento, un camión aljibe de las Fuerzas Armadas iraquíes colisionó con el Lince, provocando que Aarón Vidal saliera despedido y fuera atropellado por el propio camión”. Terminaba la redacción de la noticia informando que las familias habían sido informadas de inmediato y que se había iniciado una investigación para aclarar el trágico suceso que sumió en la pena a su Ejército y en el inconsolable dolor a su familia. Bendito seas Aaron, siempre en nuestra memoria; y deseamos con toda nuestra alma la pronta recuperación de Felipe y Jesús Ángel.

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Y el pasado miércoles otra alarma sacudió los móviles de aquellos que seguimos las vicisitudes de nuestros soldados allá donde se encuentren; porque ellos donde les mandan van y donde se les requiere se presentan. Las redes sociales y las páginas de internet del Ejército y del Ministerio de Defensa informaban que “un vehículo Lince del contingente español en el Líbano resultó dañado el 14 de septiembre al pisar un artefacto explosivo mientras realizaba una patrulla en la zona de Ebel Es Saqi, muy próxima a la base “Miguel de Cervantes” de Marjayoun”.

De inmediato, el recuerdo de Iraq voló por el aire; pero afortunadamente,  lo que comenzaba como una mala noticia se convertía en una inmensa alegría porque rápido los ojos buscaban con prisas el desenlace: “los cuatro ocupantes del vehículo resultaron ilesos”.

Después de esas siete palabras pudimos continuar leyendo la crónica con más sosiego: “La explosión afectó a una de las ruedas traseras del Lince cuando éste realizaba una maniobra a muy baja velocidad fuera de camino para salir de un puesto de observación, durante una patrulla prevista. Los ocupantes del segundo vehículo organizaron un cordón inicial de seguridad, e inmediatamente acudió al lugar una unidad de protección y apoyo desde la base “Miguel de Cervantes”, donde se encuentra el Cuartel General del Sector Este de la Fuerza Interina de Naciones Unidas para el Líbano. Dicha unidad incluía un equipo de desactivación de explosivos (EOD) y una célula de estabilización. Seguidamente se creó un cordón de seguridad próxima, y el equipo EOD estableció un pasillo de seguridad para evacuar al personal del vehículo accidentado, que fue trasladado sin problemas a Marjayoun”. Nuestra gente estaba fuera de peligro, y eso era lo más importante.

El blindaje del vehículo Lince había salvado la vida de los militares españoles que, vigilando la Blue Line, trabajan cada día y cada noche para Naciones Unidas en Líbano y para preservar la paz en ese país.

Los vehículos Lince empezaron a sustituir a los BMR a finales del año 2012 y su estampa, recorriendo las tierras del sur del Líbano se ha ido convirtiendo poco a poco en una imagen familiar para los habitantes de esa parte del mundo; este vehículo está dotado de una alta protección contra minas, explosivos improvisados, así como protección contra fuego directo, tanto en los laterales como en el arco frontal, dependiendo del calibre. Pesa más de 7.000 kg en su versión de combate, y su blindaje pesa más de 3.000 kg. Tiene una capacidad de vadeo de hasta metro y medio de profundidad, las ruedas son “impinchables” y además disponen del sistema Run Flat para casos extremos.

La seguridad absoluta es imposible, pero hoy ese blindaje ha conseguido que los nuestros salieran ilesos después de haber pisado un artefacto explosivo en el Líbano.

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Blog del Ejército de Tierra